
La cantina del club de Alto Verde, ubicada sobre Avenida Illia al 700, amaneció el miércoles vacía. Ricardo, de 76 años, que está al frente del lugar desde hace 37 años, llegó como cada mañana y se encontró con un escenario que aún intenta asimilar.
“Cerré la cantina del Club, más o menos a las once y media, doce, y llego yo a las ocho de la mañana y me habían hecho un desastre. Me sacaron todo, no me dejaron nada”, expresó con bronca y tristeza.
Se llevaron bebidas, un televisor, un ventilador y un equipo de música. “Me hicieron un desastre”, reiteró. Según reconstruyó, al menos dos personas habrían ingresado por los techos de una peluquería lindera, descendido hacia la zona de la cancha de bochas, atravesado un ventiluz y, desde allí, accedido al interior. “Y sacaron todo por una ventana que está sobre Illia”, relató. Estima que realizaron varios viajes en bicicleta para trasladar los elementos, hipótesis que, según indicó, fue respaldada por cámaras de vecinos.
El impacto no es solo económico. En casi cuatro décadas al frente del espacio, nunca había sufrido un robo. “Antes me quisieron abrir una puerta y no la pudieron abrir. Otra vez yo tenía un sereno… Pero ahora, como la Tercera está ahí, estaba más aliviado”, señaló en referencia a la cercanía con la dependencia policial.
El comerciante describió un clima de inseguridad creciente en el sector. “Esta es una zona que se ha puesto bravísima. Yo el coche lo dejo medio enfrente porque tengo miedo”, afirmó. Y agregó: “Acá han andado como si fueran liberados, han robado como en tres, cuatro partes a la gente”.
También vinculó la situación con la ocupación de una fábrica frente a la comisaría. Desde su perspectiva, a partir de esa toma el entorno se volvió más riesgoso.
Pese al golpe anímico, recibió el respaldo de clientes habituales. “Hoy estaba medio bajoneado, pero hay un hombre que me ayuda, y después llegaban los muchachos… y dijeron ‘vamos, compramos, iré mañana’”, contó sobre el acompañamiento.
Sin embargo, no definió cómo continuará. “Ya estoy medio bajoneado, medio que me hinchan acá, tengo todos los nietos, la hija, todos acá que deje, así que vamos a ver”, sostuvo. Y cerró con una imagen que resume la pérdida: “Es como toda una familia… tengo un montón de fotos que puedo mirar, y había un cuadro que tengo, uno de los primeros cuadros… éramos como 10, creo que hay 7 muertos, y los habían tirado”.
Entre recuerdos y daños materiales, la cantina histórica de Alto Verde intenta sostenerse en un contexto de creciente preocupación por la seguridad en la ciudad.



