La suspensión de la Fiesta de disfraces por el temporal que casi termina en tragedia fue solo el prólogo de un escándalo mayor. Hoy, meses después, la indignación crece contra la plataforma de la venta de entradas y una organización que parece gozar de “vía libre” en la ciudad: miles de personas que no pudieron asistir a la reprogramación denuncian que su dinero se esfumó entre promesas de mail y la falta de respaldo oficial.
Lo que ocurrió en el Autódromo de San Nicolás dejó una mancha de borrar La decisión de ignorar las alertas rojas del Servicio Meteorológico Nacional (SMN) y avanzar con el montaje de estructuras millonarias bajo un clima extremo fue, ante todo, una decisión política. Pero el verdadero “temporal” lo están viviendo ahora los nicoleños y los turistas en sus bolsillos: un laberinto de reclamos donde la empresa ‘’Tickea’’ no responde y el Municipio, que suele ser tan eficiente para cobrar tasas, parece haber perdido la voz para defender a los ciudadanos.
El riesgo que se eligió correr
La negligencia fue compartida. La interna familiar y política en los despachos municipales sobre “hacer o no” el evento -mientras el cielo crujía con ráfagas de 100 km/h- terminó con estructuras retorcidas y un peligro de muerte inminente. “No fue una tragedia de milagro”, repiten todavía algunos empleados. Sin embargo, el Estado local, que habilita y promociona estos megaeventos como “motores del turismo”, hoy mira para otro lado ante el reclamo de los cientos de turistas que se volvieron a sus provincias con las manos vacías y las entradas pagas.
“Te chamuyan con la prioridad”: La desprotección del vecino
Para muchos, la reprogramación posterior fue apenas un movimiento de prensa para evitar juicios masivos, pero en la práctica, fue un “salvese quien pueda”. Miles de personas que viajaron desde lejos no pudieron volver días después, y hoy sus reclamos caen en un agujero negro administrativo.
La bronca en las redes es el termómetro de una ciudad cansada de ser el patio trasero de negocios privados con aval oficial: “Ya mandé mil veces, me tenían que devolver como 100 mil pesos… ¿Cómo puedo reclamarlos?”, preguntaba un joven local, visibilizando que para el vecino de a pie, esa plata es parte del sueldo del mes. La respuesta de otros damnificados refleja la resignación ante la falta de justicia: “No te van a devolver más, yo hice reclamo en un evento hace dos años y nunca más… te acostaron, se la quedan ellos”. “Te tienen dando vueltas 2 meses con la ‘lista de prioridad’… parece que organizaron un Lollapalooza los chorros”, sentenció otro vecino indignado.
¿Quién cuida al Nicoleño?
El malestar apunta directamente a la gestión por permitir que empresas con estos antecedentes sigan operando sin seguros de caución que protejan al consumidor. “SantyA trabaja con la tuya Nicoleño”, es la frase que resume el sentimiento de muchos. La bronca también pasa porque el ex intendente una vez reprogramado el evento se disfrazó de ‘’nicoleño servicial’’, mostrando una vez más las hipocresía del poder local.
Para los turistas que quedaron afuera y para los nicoleños que hoy luchan contra un sistema de respuestas automáticas, la Fiesta de Disfraces dejó una lección amarga: en San Nicolás, cuando un megaevento falla, el vecino siempre queda a la buena de dios.



