Anoche, la esquina de Falcón y Brown dejó de ser un punto de tránsito para convertirse en un confesionario de angustias. Cansados de que el “progreso” de la ciudad solo se vea en el centro y en las redes, un grupo de residentes expuso la otra cara de San Nicolás: la de las casas con rejas, los corazones con miedo y una gestión municipal que parece mirar hacia otro lado.
No es una cifra en una estadística, es el nudo en la garganta de una madre que vuelve de la verdulería o el sobresalto de un abuelo ante cualquier ruido en el patio. Anoche, en la intersección de Avenida Falcón y Brown, los vecinos del 650/700 decidieron que el silencio ya no era una opción. Se reunieron no para celebrar una nueva plaza, sino para exigir lo más básico: paz.
“Queremos vivir tranquilos en nuestras casas”, fue la frase que más resonó. Los testimonios hablan de una impunidad que ya no espera a la madrugada; los robos ocurren a plena luz del día, bajo la mirada de una autoridad que, según los propios damnificados, está más preocupada por la estética que por la protección.
El contraste entre la “linda San Nicolás” y el peligro real
Mientras la comunicación oficial se esfuerza por mostrar una ciudad ‘’instagrameable’’, los vecinos que ponen el cuerpo y pagan sus tasas sienten que el municipio vive en otra frecuencia. “Dice Passaglia que cuando termine de hacer el TikTok va y los escucha”, soltó un vecino con una ironía que duele, resumiendo el sentir de muchos que ven más cámaras grabando contenidos para redes que vigilando esquinas peligrosas.
La indignación se contagia como un reguero de pólvora por otros puntos de la ciudad. El relato es el mismo. La percepción es que se está invirtiendo en “maquillaje” urbano mientras la seguridad estructural brilla por su ausencia. “Ah, pero dicen… ¡qué linda está San Nicolás! Llena de plantitas nuevas por todos lados”, ironizan quienes hoy preferirían un tótem de seguridad o un patrullero en la esquina antes que un cantero recién regado.
Una ciudad que pide auxilio
El cuestionamiento a la obra pública también estuvo presente en la charla vecinal. Con un humor negro que nace del hartazgo, algunos señalaron las nuevas avenidas y plazas de calistenia como distracciones de lo urgente. “No sé por qué se quejan tanto, con todas las plazas para hacer calistenia que hizo… y cuando se cansen pueden ir a hacer equilibrio con el auto por la nueva avenida del río”, comentaba un residente, marcando la desconexión entre las “obras de diseño” y la necesidad de una ciudad segura y funcional.
La conclusión de la asamblea fue un llamado a la acción colectiva. “Todo San Nicolás debería parar un día y hacer ruido”, propusieron, entendiendo que de a grupos pequeños el reclamo se pierde en el viento. Lo que piden no es un favor, es que el Intendente y las autoridades responsables se hagan cargo del miedo que habita en los hogares nicoleños. Porque, al final del día, los arbustitos nuevos no detienen a quien salta una reja, y un video en redes no devuelve la tranquilidad perdida.



