
Este miércoles, residentes del barrio Oeste mantendrán una reunión con jefes policiales y el presidente barrial, en un contexto marcado por robos reiterados, patrullajes escasos y una sensación de desprotección que ya se volvió rutina. El encuentro será a las 17:00, en el salón comunitario de Corrientes y José Ingenieros, luego de haber sido reprogramado.
Según relataron los propios vecinos, la convocatoria no surgió de manera espontánea ni planificada: fue el resultado de una seguidilla de hechos delictivos que se repiten en viviendas y en la vía pública, sin respuestas visibles ni soluciones sostenidas. En ese escenario, indicaron que los delincuentes ingresan a las casas, se mueven con impunidad por el barrio y actúan, muchas veces, a plena luz del día. La organización vecinal fue, en ese marco, la única herramienta disponible para intentar ser escuchados.
Los vecinos también señalaron que la reunión estaba prevista originalmente para hoy, pero fue suspendida y trasladada para este miércoles. Más allá de la reprogramación, el malestar persiste: en algunas viviendas los robos se repitieron dos veces, otros frentistas atravesaron situaciones similares y la presencia policial —según describieron— es prácticamente inexistente. La frase se repite en cada barrio: “el patrullero no pasa nunca”.
En esta oportunidad, el encuentro será con autoridades de la Comisaría Primera y del Comando de Patrullas. Para los vecinos, la expectativa es mínima: ya hubo reuniones, promesas y compromisos en otros barrios que nunca se tradujeron en cambios reales.
El reclamo del B° Oeste no es un hecho aislado, sino parte de una fotografía más amplia y preocupante. En la zona norte, vecinos mantuvieron encuentros con jefes de la Comisaría Tercera; en el sur, las reuniones con la Comisaría Segunda derivaron incluso en un corte de Avenida Savio, como expresión extrema del hartazgo. Cambian los barrios, cambian los escenarios, pero el problema es el mismo: delitos que se multiplican y un Estado que llega tarde o no llega.
En todos los casos hay un punto en común que no pasa desapercibido: la ausencia total del gobierno municipal. Hasta ahora, ninguna autoridad del Ejecutivo local se presentó en los encuentros vecinales, pese a que los reclamos se repiten y escalan. El intendente Santiago Passaglia no participó de ninguna de las reuniones, dejando a los vecinos frente a un escenario donde la seguridad parece depender exclusivamente de la buena voluntad policial y de la presión barrial.
Con robos que se reiteran, zonas enteras sin recorridas estables y respuestas fragmentadas, San Nicolás atraviesa una crisis de seguridad que dejó de ser episódica para convertirse en estructural. La reunión de este miércoles suma otro capítulo a una larga lista de reclamos. La pregunta que sobrevuela el barrio Oeste —y buena parte de la ciudad— es la misma de siempre: ¿hasta cuándo la inseguridad marcará la agenda mientras las soluciones siguen sin aparecer?



