La esquina de Olleros y Nación se convirtió en un campo de batalla durante la madrugada del domingo. En un acto de salvajismo total, un grupo de jóvenes utilizó los tutores de los árboles del arbolado público como armas para agredirse, exponiendo una zona liberada en el corazón de San Nicolás que despertó la indignación de los vecinos de toda la ciudad.
Lo que debería ser una zona de calma y respeto, dada la cercanía con instituciones de salud fundamentales como el Hospital San Felipe y la sede de LALCEC, fue el epicentro de una disputa que refleja un nivel de violencia social alarmante. En pleno centro nicoleño, el mobiliario urbano terminó siendo transformado en proyectiles y lanzas, pero lo que más dolió a la comunidad no fue solo el destrozo, sino la ausencia total de control estatal.
“Ahora se dan cuenta porque les tocó en el centro”
La publicación de las imágenes generó una ola de reacciones de vecinos que ven en este episodio el reflejo de lo que ocurre, desde hace tiempo, en la periferia. La sensación de que San Nicolás es “tierra de nadie” se palpa en los testimonios que recolectó este medio. “Ahora se dan cuenta de los problemas que tenemos que aguantar en los barrios de noche porque les tocó en el centro”, sentenció con amargura un vecino, remarcando que esta violencia es moneda corriente en las zonas alejadas del asfalto nuevo.
Otro de los reclamos más repetidos apunta directamente a la operatividad de las fuerzas de seguridad. “¿Che, no hay policías? Todos durmiendo”, ironizó un ciudadano ante la pasividad con la que los jóvenes arrancaron los tutores de las plantas para pegarse directamente al cuerpo. La demanda por la presencia de la UTOI (Unidad Táctica de Operaciones Inmediatas) volvió a aparecer con fuerza: “Que salga la UTOI a caminar como lo hacía antes”, reclamaron, recordando épocas de mayor patrullaje a pie.
Entre el marketing y la realidad de la calle
La paradoja de una ciudad que se promociona como “modelo” mientras su casco céntrico es escenario de peleas salvajes no pasó desapercibida. Algunos vecinos, con un toque de sarcasmo ácido, hicieron alusión a la iconografía de campaña que rodeó a la familia Passaglia: “¿La Pantera Rosa qué comenta?”, se preguntaron, cuestionando el contraste entre los eslóganes de “hechos” y la cruda realidad de una madrugada sin ley.
Para los habitantes de los barrios más postergados, este incidente es solo una muestra gratis de su día a día. “Hace bastante que aguantamos este problema. Cuánto hace ya que pasa y nadie da ninguna solución al tema”, expresaron, dejando en claro que si esto sucede frente a un hospital público y a metros de las cámaras de monitoreo del centro, la vulnerabilidad en las barriadas es total.
Imágenes que interpelan al poder
Las secuencias registradas, donde se ve a jóvenes transformando la ‘’inversión municipal’’ en herramientas de daño físico, son postales de una sociedad fracturada. Mientras la gestión apuesta a la estética y a la “ciudad linda”, la falta de prevención y la ausencia de autoridad en la noche nicoleña devuelven una imagen mucho más oscura.
La comunidad ya no se conforma con veredas impolutas; hoy el reclamo es por seguridad real, patrullaje efectivo y una justicia que actúe antes de que el próximo enfrentamiento a “palazos” termine en una tragedia irreparable en las puertas mismas de la guardia médica del nosocomio local.



