Mientras los nicoleños esperan minutos que valen vidas, la gestión de Santiago Passaglia se ampara en un silencio administrativo que ya no se sostiene. Con una recaudación récord y autonomía legal para comprar ambulancias, el municipio mantiene al 107 en una nebulosa presupuestaria. ¿A dónde van realmente los millones de la salud?
En San Nicolás, el relato oficial suele ser impecable: obras que se terminan, plazas relucientes y una digitalización que avanza. Pero cuando un vecino marca el 107 en medio de un infarto o un accidente, el “maquillaje” de gestión desaparece. La realidad normativa desmiente cualquier intento del oficialismo de “pasar la pelota”: la responsabilidad de que la ambulancia llegue a tu casa es, pura y exclusivamente, del Palacio Municipal.
Autonomía total: se terminaron las excusas
Cuando el servicio del SAME falla, la respuesta suele perderse en el laberinto de las jurisdicciones. Sin embargo, el Decreto 898/2016 es claro: el sistema provincial es un marco de colaboración, pero la ejecución operativa es potestad absoluta del Municipio.
San Nicolás no está atado de manos. El gobierno de Santiago Passaglia goza de una autonomía que le permite:
Adquirir unidades con fondos propios: El municipio tiene la potestad legal de comprar ambulancias nuevas para ampliar su flota cuando lo desee. Con las tasas que pagan los nicoleños, la renovación de unidades debería ser una constante y no un milagro que dependa de lo que mande La Plata.
Gestión total del recurso: La intendencia decide la ubicación de las bases, el mantenimiento de los móviles y el pago a los profesionales.
Independencia política: El municipio tiene la llave para consolidar un sistema de vanguardia acorde a su recaudación récord, sin depender de “refuerzos” externos.
La “Caja Negra”: ¿A dónde van los millones que deberían salvar vidas?
Aquí es donde el discurso de “municipio eficiente” choca de frente con la realidad. Si el Estado local recauda cifras multimillonarias a través de tasas que los nicoleños pagan religiosamente, ¿por qué no hay una rendición de cuentas clara sobre el 107?
La incógnita que el oficialismo calla es simple: ¿Dónde está el dinero? No existe una publicación clara y accesible que detalle:
La partida real: Cuánto se destinó específicamente al SAME este año.
Lo ejecutado vs. lo anunciado: Si los millones presupuestados terminaron efectivamente en motores, gomas y sueldos médicos, o si fueron reasignados para pauta publicitaria y “maquillaje” urbano.
El estado de la flota: Por qué, si hay fondos de sobra, los vecinos denuncian malos tratos del personal, unidades diezmadas y tiempos de espera que superan cualquier estándar de seguridad.
Los comentarios de los vecinos en las redes y en las salas de espera son una cachetada de realidad. El hartazgo ya no se oculta tras palabras amables; la gente siente que, en el momento de mayor vulnerabilidad, el Estado les suelta la mano.
“A estos tipos los llamás para una emergencia y no aparecen o llegan tarde, se hacen los re boludos”, disparó con furia un vecino que sufrió en carne propia la desidia del sistema. Otros directamente apuntan a la falta de humanidad frente al dolor: “Son lo más hdp que vi en mi vida, no saben mover a los enfermos y siempre llegan tarde, es muy triste’’.
Prioridades invertidas: el silencio es una confesión
Para una gestión que se jacta de ser “transparente y moderna”, el silencio administrativo sobre los fondos de emergencia es una confesión de parte. Si los números fueran sólidos, Santiago Passaglia los mostraría en una pantalla gigante en la costanera; si se ocultan, es porque el relato no resiste una auditoría de calle.
La salud pública no puede ser un ítem de ajuste. Con la creación de la nueva Empresa Bonaerense de Emergencias en el horizonte, el municipio debería estar blindando su sistema local con inversión propia. No hay impedimento técnico ni legal; solo falta voluntad política.
La firma está en Avenida Illia
El vecino que paga sus impuestos no quiere saber de decretos ni de convenios; quiere que la sirena se escuche a tiempo. La autonomía municipal es una herramienta de gestión, no un adorno. Si el servicio es deficiente, la responsabilidad no está en La Plata, sino en la oficina principal de nuestra ciudad. La transparencia en el uso de los fondos del 107 ya no es un pedido amable: es una urgencia de vida o muerte.



