El Estadio Único de San Nicolás, presentado pomposamente por la gestión de Manuel y Santiago Passaglia como el gran polo de eventos de la región, atraviesa hoy una realidad de luces apagadas y tribunas vacías. La llamativa ausencia de la ciudad en el arranque de la Copa Argentina 2026 ha encendido las alarmas y desatado una serie de versiones que vinculan esta exclusión con presuntas exigencias desmedidas por parte del Ejecutivo local. Mientras la propaganda oficial calla, las fuentes no oficiales comienzan a filtrar datos sobre un esquema de manejo de recursos y operativos policiales que habrían tensionado la relación con los organizadores del torneo.
¿Exigencias de caja y entradas?
La pérdida de protagonismo de San Nicolás en el certamen nacional no parece ser una simple rotación de sedes. Según ha trascendido desde sectores cercanos a la organización, existirían “ruidos” internos provocados por presuntos condicionamientos que el entorno del poder local habría intentado imponer. Entre estas versiones, se menciona una supuesta intención de tener un control directo sobre el manejo de entradas y el flujo recaudatorio de los partidos, algo que habría chocado de frente con los protocolos de la empresa organizadora.
A este escenario se suma el complejo entramado de la AFA, donde los intereses de Claudio “Chiqui” Tapia y Pablo Toviggino suelen chocar o alinearse según la conveniencia política del momento. En ese “barro” de chanchullos y favores, San Nicolás parece haber quedado en un fuera de juego peligroso. ¿Se terminaron los favores políticos o la voracidad local terminó por agotar la paciencia de los dueños de la pelota?
Operativos bajo la lupa: policías “prestados” y falta de pagos
Quizás el dato más delicado que ha surgido en las últimas horas —y que fuentes vecinales denuncian con insistencia— tiene que ver con la seguridad de los eventos. Se baraja la hipótesis de que la gestión local habría solicitado personal policial con legajos de otros distritos para cubrir los operativos en el estadio, presuntamente para no resentir (al menos en los papeles) la presencia en las calles nicoleñas.
Sin embargo, la denuncia va más allá: parte de ese personal externo no estaría percibiendo los pagos correspondientes por sus servicios en los eventos locales. Esta irregularidad, de confirmarse, expondría un manejo sumamente discrecional de los recursos públicos y de las fuerzas de seguridad, dejando además a diversas zonas de San Nicolás desprotegidas mientras los efectivos se concentran en un estadio que hoy solo acumula deudas y dudas.
Un modelo de ciudad con dueños, pero sin respuestas
La falta de una voz oficial que aclare por qué una sede “modelo” queda fuera de la competencia nacional alimenta la sensación de que, en San Nicolás, se pretende ser dueño de cada movimiento que ocurre dentro de los límites del distrito. La gestión Passaglia parece chocar con su propia ambición: el estadio, que debía ser un motor económico, hoy es un monumento al silencio.
En la ciudad que intenta venderse como “vanguardia”, la realidad muestra que, cuando los intereses particulares se anteponen a los acuerdos institucionales, el perjudicado es el vecino, que pierde el movimiento comercial del turismo deportivo y se queda con la incertidumbre de qué pasa realmente detrás de las puertas cerradas del Palacio Municipal. San Nicolás quedó afuera y, mientras nadie explique el porqué, las sospechas de un manejo “oscuro” seguirán creciendo.



