
Los sueños empiezan mucho antes de que llegue la oportunidad de cumplirlos. A veces nacen en la infancia, se transforman en una pasión y, con los años, se convierten en una profesión. Pero a veces se necesita la ayuda de alguien especial para que se hagan realidad.
Hace poco tuvo la posibilidad de presentarse ante un director de casting de Cirque du Soleil. Pero para llegar a esa audición necesitaba una persona que lo ayudara. Entonces, recurrió a su papá, que nunca se había relacionado con el mundo del circo, pero aprendió todo para ayudar a su hijo a alcanzar su sueño.
Tomás contó cómo fue compartir ese desafío con su papá y recordó los ensayos previos a la audición. Alejandro, por su parte, confesó que vivió el momento “con mucho miedo y nervios”, pero también con un enorme orgullo: “Él vivió su gran sueño y yo estuve a su lado en ese momento”.
La posibilidad de audicionar para Cirque du Soleil apareció como una oportunidad que Tomás no quiso dejar pasar. El objetivo era que el equipo de casting pudiera conocer personalmente a distintos artistas argentinos que habían sido seleccionados previamente y ver sus trabajos en vivo.
Pero había un problema: para presentar sus actos de acrobacia aérea necesitaba a alguien que lo ayudara con los elementos. Nadie podía acompañarlo y entonces pensó en la persona que, aunque nunca había trabajado en el mundo artístico, siempre estuvo detrás de sus proyectos: su papá, Alejandro.
“Cuando le pedí ayuda, me dijo que sí, no dudó ni un minuto”, recuerda Tomás. El desafío era gigante para los dos: tenían solamente cuatro encuentros para que Alejandro aprendiera dos coreografías completas y entendiera cuándo debía hacer los movimientos durante cada parte del acto.
Llegaron a ensayar largas jornadas, hasta altas horas de la noche, y para Alejandro, que tiene 60 años y hace más de 25 que se dedica a cartelería, todo era nuevo: “Lo viví con mucho miedo. Donde yo me equivocaba, le arruinaba todo y, al tener poca memoria, sentía mucho miedo”.
La presión no terminó ahí. Durante la semana previa a la audición, Tomás tuvo neumonía y aun así llegó al día de la presentación. Del otro lado estaba su papá, concentrado en recordar cada movimiento para que nada saliera mal. “Me hizo sentir en ese momento su sostén más importante para estar ahí junto a él”, dijo Alejandro.
La presentación no significaba una incorporación inmediata. Tomás había sido seleccionado previamente para participar de una instancia presencial en la que el equipo de casting de la compañía podía conocer a distintos artistas argentinos, ver sus trabajos en vivo y evaluar sus perfiles para futuras producciones.
Las devoluciones sobre su trabajo fueron muy positivas; Tomás se fue con satisfacción. Ahora, solo queda esperar que aparezca una producción para su perfil y que lo llamen. “Si llega, llegará”, cuenta.
Una experiencia única que los marcó para siempre
Cuando llegaron al lugar, Alejandro esperaba encontrarse con una gran cantidad de artistas. Sin embargo, eran alrededor de 30 personas. Allí les explicaron que habían sido convocados quienes tenían mayores posibilidades de ser tenidos en cuenta por la compañía. En ese mismo momento pudo dimensionar lo que estaba viviendo con su hijo.
“Él vivió su gran sueño y yo estuve a su lado. Me encantó, me fortaleció como padre”, contó Alejandro. Durante la presentación sintió que Tomás confiaba en él para poder estar ahí y que su papel, aunque fuera detrás del escenario, era fundamental para que su hijo pudiera mostrar todo lo que había preparado.
Al terminar el acto, Tomás recibió los aplausos y Alejandro sintió que el esfuerzo de esos días había valido la pena. “Fue algo maravilloso y verlo que todos lo aplaudían, un gran orgullo difícil de explicar”, expresó.
Para Tomás, la audición tuvo un significado especial. No solo pudo mostrar su trabajo frente al equipo de una de las compañías de circo más importantes del mundo, sino que lo hizo acompañado por la misma persona que lo llevaba al circo en su infancia.
“Mi papá no tenía ninguna obligación de aprender todo eso y estaba completamente fuera de su mundo, pero desde el momento en que le pedí ayuda se comprometió conmigo”, destaca Tomás.
Esta vez, aquel chico que miraba el circo desde las butacas llegó hasta el escenario y tuvo a su papá del otro lado, ayudándolo a alcanzar uno de sus grandes sueños.



