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Vecchio en Regatas: de ilusión y promesas al profundo desencanto

“Vine a Regatas para ascender y es un sueño estar en un club tan lindo, con estructura de B Nacional”, había dicho Emiliano Vecchio apenas llegó a San Nicolás para vestir la 10 azul y naranja. Tras cuatro partidos en el Regional, el rosarino se marchó por la puerta de atrás. Luego sumó otro hola y adiós muy desprolijo en Chile. Se ofreció gratis en San Lorenzo, pero no tuvo eco.

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Había llegado a San Nicolás después de rescindir anticipada y sorpresivamente con Defensores de Belgrano en la B Nacional. Apareció por el Prado Español con sus 36 años y sonrisa pícara para sumarse a los entrenamientos de Regatas de cara al Torneo Regional Amateur. Emiliano Gabriel Vecchio cumplió una vieja promesa que le había hecho a su amigo Facundo Górriz –ex jugador símbolo de La Ribera- hace 14 años cuando eran compañeros en Defensores (Villa Ramallo).

Surgido en Central, con pasos por España, Chile, Brasil, Dubai, ascendió con Defe al Federal A y que jugó en Racing dijo apenas llegó: “Vine a Regatas para ascender y es un sueño poder estar en un club tan lindo y con una estructura de B Nacional. Me pongo metas cortas y mi sueño ahora es ascender al Federal A. Es un torneo corto y todas son finales”. La dirigencia le alquiló un departamento frente a la plaza Mitre con todas las comodidades. Parecía estar muy cómodo y contento. Al menos eso dejaba traslucir. Se hizo muy amigo y compinche de Mauro Ressi, el subcapitán, con el que andaba para todos lados. En entrevista con GOLAZO lo eligió como mejor compañero:

He tenido compañeros increíbles pero lo elijo a Mauro Ressi. Él reúne todo lo que un líder debe tener. Una persona fantástica que en este momento de mi vida me dio mucha felicidad conocerlo y tenerlo como amigo”, señaló.

Se puso la N° 10 en los cuatro partidos de la fase regular. No brilló, sólo aportó algunos destellos de su talento. Le costó imponer su juego. En el cuarto duelo ante el Paraná sampedrino en el Prado, el DT Sergio Barbieri lo reemplazó a los 36m del complemento. Pateó la pelota contra la pared desde el córner dando clara muestras de fastidio y se marchó directo al vestuario. Horas después les comunicó a sus compañeros en el grupo de watsapp del plantel que no seguía en el equipo. Al día siguiente celebró su cumpleaños 37 con cotillón azul y naranja. Las dos semanas siguientes, el equipo debía prepararse físicamente para los cruces. Nunca más se entrenó. Volvió una vez al Prado para hablar con el técnico y se fue antes de que terminara la práctica sin saludar a los compañeros. Todo terminó abruptamente. La ilusión mutó en desencanto.

Luego fue a Chile. Dijo que su sueño era volver a Unión Española. Simuló firmar un contrato en la playa. El entrenador no lo citó para un amistoso porque no lo vio bien físicamente y había entrenado poco. Se despidió del equipo chileno aduciendo diferencias con los dirigentes. Se ofreció gratis para jugar en San Lorenzo. “Mi sueño es entrar al Nuevo Gasómetro”, lanzó agregando ser fana de Boedo desde chico.  Se ofreció a entrenar durante un mes para demostrar su vigencia física y técnica al entrenador Damián Ayude. Hasta ahora no tuvo eco por parte del Ciclón.

 

 

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