
El plano artístico, por momentos bastardeado por los innumerables atropellos ignorantes de emoción o de una inconsciencia permanente a causa de la limitación del concepto de quién es artista y quién no, constantemente padece la fuerza contraria: aquella marcada por el trabajo, la preparación, la seriedad y, sobre todo, el don de gente oportuno para hacer brillar cada espectáculo, puesta en escena o idea creativa.
Del lado luminoso, perteneciente a los que la pelean todos los días, se encuentra María Victoria Ninona, una artista que transita su camino entre el drama y la comedia, así como entre la docencia y el escenario, dejando marcas en los espectadores, quienes no desaprovechan la oportunidad de demostrarle cuánto enriquece al llamado arte aquello que ella produce.
Lleva 34 años atrapada en el maravilloso mundo de las expresiones artísticas, un ámbito en el cual supo hacerse un lugar, dejar huellas en los escenarios y en la pantalla, conservando la humildad latente de que todavía queda mucho por aprender y hacer. La actualidad la ubica en los diferentes mundos que produce el teatro -el drama y la comedia-, al punto tal que su desempeño generó la necesidad de que el séptimo arte le efectuara el llamado. Esto demuestra que en un escenario el veneno puede hacerte llorar de risa y en la pantalla grande, mediante decepciones del alma, puedes emocionarte de manera inolvidable.
El arte no necesita defensa por parte de nadie, pero requiere fuentes de enriquecimiento constante que estén a la altura de todo el desprecio que ocasionan aquellos que no saben del tema y pretenden educar a una comunidad que observa muy poco y escucha a quien no debe. Victoria ha logrado enriquecer el arte de la ciudad mediante una constante retroalimentación de sus estados, ya sea por su talento, por su preparación o por su calidad humana. En este caso no importa el motivo por el cual sucede; todos se encuentran en proporciones iguales.
¿Qué destacas de tus años de trayectoria?
Como artista destaco enormemente la cantidad de personas que conocí en el camino: artistas, directores, amigos. Algunos hasta el día de hoy me siguen convocando, tanto las personas que estuvieron en mis inicios como la nueva camada de jóvenes artistas que hay en la ciudad. Uno tiende a quedarse en el tiempo y es notorio que todavía exista la posibilidad de trabajar dentro de lo que me apasiona. Desde que tengo 16 años no he parado de realizar actividades: un año hacía teatro, al otro cine; a veces hacía las dos cosas en simultáneo. Siempre existe ese “ganchito” que me mantiene unida a la actuación. En definitiva, destaco el tener algo —o que hayan visto algo en mí— para poder estar en sus proyectos y seguir haciendo lo que más me gusta.
¿Por qué crees que te convocan para sus proyectos?
Creo que se debe a la confianza en mi capacidad como actriz para desarrollar el personaje que requieren para sus trabajos. Lo que más me gustó de este último año es que pude hacer comedia en teatro y drama en cine. Poder desplegar toda mi versatilidad actoral y que el espectador, ya sea en cine o en teatro, pueda identificarme a pesar de la diferencia de género, para mí representa un éxito al cual pocas cosas se le comparan.
Siendo una persona surgida del teatro, ¿qué fue lo que te sorprendió del cine?
Lo que más me sorprendió, casualmente, fue lo que más me hizo renegar: la fragmentación. En el cine todo es más fragmentado, no tiene un hilo conductor en el tiempo. De hecho, en la película de Lucas (Giuggia), en mi primer día grabé mi última escena. Esa gimnasia de entrar y salir constantemente del personaje me fortaleció como actriz, al punto de mejorar mi adaptación respecto a la posibilidad de repetir varias veces una misma escena. Esa gimnasia que me brindó el cine también se emplea en el teatro al momento de improvisar, ya sea por un olvido de letra o por una situación imprevista que te obligue a retomar el texto de la obra.
¿Cuál es tu impronta dentro del arte?
Una vez alguien me dijo que me vio actuar y sintió que estaba viviendo cada personaje que yo interpretaba, y creo que no hay mejor definición para mi impronta que esa. Brindarles realidad a los personajes, hacerlos tangibles, generar el clima para vivenciarlos es algo hermoso; qué suerte que las personas puedan vivirlos como yo lo hago.
¿Cuál es el “veneno” de tu vida y cuáles son tus “decepciones del alma”?
En lo artístico no tengo nada negativo que señalar: todo lo hice con pasión, con amor, y para mí con eso ya está bien hecho. Después, lo que el público pueda percibir pasa por cada uno. La toxicidad o el veneno no existen en ninguna área de mi vida, la decepción tampoco; pero sí existe un “extrañar” que por momentos es muy profundo. Me hubiese gustado que mi mamá, mi papá y mi hermana estuviesen viviendo este presente conmigo. Ellos siempre estuvieron a mi lado y hubiese dado lo que fuera para que me acompañaran en este tiempo. Volviendo a la toxicidad, simplemente te digo que cuando detecto una falta de respeto hacia mi persona o mi trabajo, automáticamente me bajo del proyecto sin decir nada más. No me gusta perder el tiempo ni mi energía en cosas que no suman.
¿Te sientes valorada por el ambiente artístico?
Sí, me siento valorada y creo en esa valoración: nadie puede fingir tanto ni sostenerlo durante mucho tiempo. También me siento querida dentro del ambiente y ese afecto es totalmente recíproco. No está de más aclarar que no tengo un círculo muy amplio de amistades dentro del mundo artístico; suelo parecer mucho más sociable de lo que realmente soy.
¿Cómo ves el arte en la actualidad de nuestra ciudad?
Existe una nueva camada brillante. Creo que la escuela de arte fomentó un crecimiento en todas las áreas de manera impensada. La autogestión sigue siempre vigente en los espacios de la ciudad, y quizás ese sea el único punto a revisar: la escasez de espacios para mostrar el arte. Puede ser una cuestión económica, de gestión o de la idiosincrasia actual, pero es el único aspecto negativo por estos días. Anteriormente hablábamos de impronta, y creo que la actual es hacer mucho sin miedo a equivocarse; en el arte es fundamental sentirlo así. Muchas veces somos rehenes de nuestros miedos y nos privamos de oportunidades que son necesarias para nosotros mismos o para el arte en general.
¿Cuál es la importancia de la risa en tu vida?
La risa tiene toda la importancia en mi vida y el que me conoce lo sabe. No sé si es algo que está bien, pero llevo todo al humor; el día que no me ría, ahí voy a empezar a preocuparme. Sublimo a través de la risa: reírme y hacer reír es como una pequeña salvación ante todo lo que toca afrontar.
¿Qué representan “Veneno” y “Decepciones del alma” para vos?
“Veneno” es mi regreso a la comedia, algo que amo. Disfruto con el grupo de actrices, con el director, con todo el equipo de producción… es un placer absoluto formar parte de ese equipo. Y “Decepciones…”, si bien es cine, ahí está mi lado más entrenado: el drama. No fue difícil afrontar el personaje, pero sí me trajo nuevos desafíos. Mi personaje aborda temas que en diferentes épocas fueron y son tomados de distintas maneras: el maltrato familiar, el abandono y diversas actitudes e ideologías que llevan a un juzgamiento excesivo por parte de quienes lo viven o padecen. “Decepciones” representa el desafío de mi lado dramático al componer un personaje que tiene mí misma edad, pero en un contexto ideológico distinto. Encontré muchos puntos en común entre mi persona y el personaje, y espero que quien lo vea logre tener las mismas sensaciones que yo tuve al momento de hacerlo.
¿Qué queda por dar?
Como primera respuesta te diría cantar, y sé que es algo que se me va a dar. Me gustaría actuar en una comedia musical, obviamente con la preparación necesaria y con todos los aspectos entrenados; me gustaría mucho hacer eso. Ahora, entrando en un plano más profundo, me encantaría enormemente poder hacer un unipersonal: imaginarlo, “cranearlo” todo desde cero, estar en cada detalle, ser precisa en la historia a contar, producirlo de la forma que quiero… ese deseo es más serio y creo que también mucho más fuerte.
¿Qué tienes para decirle al arte?
Al arte le estoy inmensamente agradecida por abrirme la puerta para ir a jugar y, de esa forma, salir adelante en problemas de los que, sin su existencia, dudo que hubiera podido salir. Así que: ¡MUCHAS GRACIAS, ARTE!

