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Vivir sobre el veneno: los riesgos ocultos de la Trifluralina y el desamparo de todos los nicoleños

No es solo tierra naranja; es un enemigo invisible que se filtra en el agua, se pega en la piel y se acumula en el organismo.

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Expertos y vecinos advierten sobre los peligros de convivir con los residuos de la planta. Mientras tanto, las familias de la zona se sienten “carne de cañón” de un desastre ambiental que nadie detiene.

La reciente orden judicial de vallar la barranca frente a Atanor SAIC puso un nombre técnico en boca de todos: Trifluralina. Pero, ¿qué es y qué significa para un nicoleño que vive a pocas cuadras o para el pescador que consume lo que saca del río? No es un simple “desecho industrial”; es un herbicida persistente que no se va con la lluvia, sino que se acumula, transformando el suelo en un área de peligro permanente.

La cartografía de la muerte: El censo del horror en Barrio Química que desnudó 200 casos de cáncer en apenas seis manzanas en 2023. Fotos Sebastian Smok.
La cartografía de la muerte: El censo del horror en Barrio Química que desnudó 200 casos de cáncer en apenas seis manzanas en 2023. Fotos Sebastian Smok.

El peso de la ciencia: Las instituciones que confirmaron el desastre

Este diagnóstico no surge de una sospecha vecinal, sino de estudios de élite que la Justicia tomó como verdades irrefutables. Las instituciones que pusieron la firma al mapa del veneno son:

  • Universidad Nacional de La Plata (UNLP): Sus peritos detectaron la presencia de agroquímicos en el suelo que superan cualquier límite de seguridad.
  • Policía Federal Argentina (PFA): Constató la “tierra naranja” que decanta al Paraná y advirtió que el veneno es arrastrado por las lluvias hacia el cauce del agua.
  • Ministerio de Ambiente (Nación y Provincia): Informaron que, de 15 sondeos realizados en 2025, 11 dieron positivo (un escalofriante 73%) para concentraciones de Trifluralina.

El enemigo invisible: ¿Qué le hace la Trifluralina al cuerpo?

La ciencia es clara pero aterradora. La exposición prolongada a este tipo de agroquímicos no produce efectos inmediatos, sino que trabaja en silencio. Entre los riesgos principales se encuentran:

  • Disrupción Endocrina: Puede alterar el sistema hormonal, afectando el crecimiento y la reproducción.
  • Toxicidad Acuática: Es altamente tóxica para los peces, que luego son consumidos por los vecinos, trasladando el veneno directamente al plato de comida (efecto acumulativo).
  • Persistencia: La Trifluralina “ama” el suelo; se adhiere a las partículas de tierra naranja y viaja con el polvo que los chicos respiran cuando juegan cerca de la barranca.

“Nos dejaron solos”: el grito de un barrio expuesto

Para el vecino de la zona norte, el vallado no es protección, es una confesión de abandono. “Poner un alambre ahora es como querer tapar el sol con la mano después de que nos quemaron a todos” expresa un habitante de la zona con mucha bronca. La sensación de ser ciudadanos de segunda clase es unánime: mientras el centro luce su costanera, en la zona de Atanor se convive con el olor y la sospecha.

La opinión de la gente es unánime: se sienten abandonados y expuestos. “¿Quién nos garantiza que el agua que tomamos o el aire que respiramos no tiene lo mismo que esa tierra naranja?”, preguntan. Para ellos, el vallado es una medida estética para que la gente no vea el desastre, pero no una solución para la salud. A esto se suma la ironía dolorosa frente al marketing local: “Se viene ‘la ciudad de cara a la contaminación’ en el Paseo Atanor, vergüenza les tiene que dar”.

Recomendaciones urgentes para los vecinos

Ante la falta de una remediación inmediata -que la empresa debe presentar en un cronograma de 3 días- especialistas sugieren medidas de cuidado extremo para las familias que viven en las inmediaciones:

  • Restricción total: No permitir que niños o mascotas toquen el suelo de la barranca baja, incluso fuera del área vallada. El veneno es dinámico y se mueve con el agua.
  • No consumir pesca local: Evitar el consumo de pescados extraídos en la zona de influencia de los desagües de la planta por el riesgo de ingesta directa de químicos.
  • Higiene estricta: Al regresar de la zona de la costa, lavar calzado y ropa para evitar el ingreso de sedimentos contaminados al hogar.

Mientras los abogados de Atanor cuentan plazos y la Justicia mide metros de alambrado, el tiempo sigue corriendo para los vecinos del Barrio Química. Un vallado no limpia el pasado ni cura el futuro; solo intenta esconder bajo la alfombra 20 años de impunidad química. En San Nicolás, la verdad ya no se puede tapar: fluye por el río, se respira en el aire y está grabada en el dolor de las más de 200 familias que el cáncer no perdonó. La pregunta ya no es quién contaminó, sino quién va a pagar por el daño irreparable de vivir sobre un cementerio de veneno.

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