
La votación del certamen Street Art Cities, que elige las mejores intervenciones urbanas del año, sufrió una revisión luego de que la organización detectara fraude en el proceso de votación. Algunos participantes utilizaron herramientas de generación masiva de correos electrónicos para inflar artificialmente sus votos. Tras la depuración, el mural “Crepúsculo” de Martín Ron, ubicado en San Nicolás, quedó en el tercer puesto a nivel mundial.
Desde la plataforma organizadora informaron que se adoptaron “medidas correctivas” para garantizar la transparencia del concurso y que, como resultado de la investigación, se resolvió descalificar a los dos primeros murales que habían obtenido más votos mediante prácticas irregulares. “Hemos actualizado nuestros registros para excluir estos votos no válidos. Esto ha cambiado los ganadores de la categoría ‘Mejor mural del mundo”, señalaron desde Street Art Cities.
Tras esta revisión, el nuevo podio de la categoría “Mejor mural del mundo” quedó conformado por:
- Cristóbal Persona – Charanguista Andino
- Peachzz – Ensoñación
- Martín Ron – Crepúsculo
Desde sus redes sociales, Martín Ron celebró el reconocimiento y agradeció a quienes votaron de manera legítima. “Nos subimos al podio gracias a toda la gente que votó. Este tercer puesto pone a nuestro país, y en especial a San Nicolás, a brillar en lo más alto del Street Art a nivel internacional”, expresó el artista.
El certamen resaltó la importancia de garantizar la transparencia y honestidad en la votación, asegurando que el arte urbano reciba el reconocimiento legítimo de la comunidad. “Gracias a cada persona que votó, compartió y apoyó, demostrándonos que el verdadero arte es el que nace en la calle y se construye con la gente”, publicó Ron en sus redes.
El logro no solo resalta la calidad artística de la obra, sino que también posiciona a San Nicolás en el circuito global del arte urbano. La participación del público fue clave en este reconocimiento, que sigue consolidando al muralismo argentino en la escena internacional.
Este caso deja en evidencia cómo las herramientas digitales pueden ser utilizadas de manera indebida para alterar resultados en certámenes de votación abierta. La práctica de generar votos falsos no solo distorsiona la competencia, sino que también desvaloriza el verdadero reconocimiento del público y pone en riesgo la legitimidad de estos premios.



