
Hay historias que se escriben a pura fuerza interior. Y la de Ema Barbotto, nicoleña, estudiante, deportista y ejemplo de resiliencia, es una de esas. Su pasión por el goalball nació casi por casualidad, cuando apenas tenía diez años. Su mamá vio en Instagram un anuncio de Mariela Acosta, hoy su entrenadora y figura clave en su formación. Ese pequeño gesto fue el inicio de un camino enorme. “Investigamos un poco y me dio curiosidad. Pero cuando fui al primer entrenamiento me encantó”, recuerda Ema. Aquel debut estuvo acompañado por otras profes que marcaron su base deportiva y humana: María Eugenia Latorre, Yasmín Chapur y la mencionada Mariela.
Antes del goalball, Ema ya venía acumulando experiencia: danza, gimnasia, natación competitiva, atletismo, básquet. Siempre inquieta, siempre buscando su lugar. Los Torneos Bonaerenses y los Juegos Evita le dieron roce, amistades y confianza: “Me dejaron enseñanzas, independencia y ganas de superarme”, cuenta.
El gran salto llegó en 2023, cuando un técnico de la Selección Juvenil la vio jugar y pidió videos suyos. La convocatoria al CENARD fue el primer paso de un sueño mayor. Llegaron más concentraciones, más viajes, más entrenamientos, más nervios. Hasta que un día quedó seleccionada para representar a la Argentina en los Parapanamericanos Juveniles de Chile 2025. “Ser parte de Las Topitas es un sueño hecho realidad. Un honor y una responsabilidad hermosa”, afirma Barbotto con el corazón en la mano.
El ritmo de su vida es una auténtica maratón: escuela temprano, gimnasio tres veces por semana con el entrenador Iván Vecoli, entrenamientos en San Nicolás con Los Tigres, prácticas en Lomas de Zamora cuando puede viajar, concentraciones en Buenos Aires cada dos semanas. Y siempre con apuntes, tareas y parciales al hombro. “Rendirse para mí no es una opción”, dice, orgullosa de lo ya logrado.
En Chile, Las Topitas consiguieron un valioso cuarto puesto. No era lo que soñaban, pero el aprendizaje fue enorme. “Competimos contra equipos muy duros y dejamos todo para representar bien al país. Volvimos orgullosas”, repasa.
En cada paso, Ema siente el acompañamiento de quienes la sostienen: su familia -siempre presente, viajando y alentando-, sus entrenadores en San Nicolás (Mariela Acosta), Lomas de Zamora (Néstor Gauto) y la Selección (Irina Vercelle y Francisco Rey Patón), y su preparador físico. Aunque también reconoce lo que faltó: “La Municipalidad de San Nicolás no estuvo a mi disposición como esperaba”, lamenta.
El vínculo más profundo lo tiene con Mariela. “Es como una segunda mamá. Me aconseja, me escucha, me ayuda a crecer”, dice.
Sus compañeras de Selección –Milagros Aguirre, Sofía Alcaraz, Ana Cáseres, Nerea Salguero, Tania Álvarez– se volvieron amigas, hermanas de cancha, sostén emocional en los torneos. “Me llenaron de risas, enseñanza y alegría. Las quiero con todo lo que soy”, confiesa la nicoleña.
Lo que viene aún no está definido. Puede haber Sudamericano el año que viene, aunque nada está confirmado. La cosa cierta es que Ema seguirá entrenando como si ya estuviera convocada. Sueña con llegar a la Selección Mayor, jugar un Mundial y representar al país en un gran escenario. Pero también anhela encontrarse a sí misma, descubrir nuevas pasiones y elegir un futuro que la haga feliz: “Soy una chica sensible, terca, amiguera, apasionada por el deporte. Me enojo rápido, pero también se me pasa rápido. Y aunque las cosas no salgan, sigo intentando. Porque la fuerza no está solo en lo que vemos, sino en lo que sentimos”.



