
En un deporte donde todo se hace a pulmón y lejos de los flashes, aparecen pibes que empujan desde abajo con convicción, estudio y mucho compromiso. Juan Segundo Viscomi (23) es uno de ellos. Jugador, entrenador y estudiante, creció dentro del handball de Don Bosco, se formó en la cancha y hoy devuelve todo lo aprendido enseñando a las nuevas camadas. Con los pies sobre la tierra y las ideas más que claras, Juanse representa a una generación que entiende al deporte como escuela de vida y que sueña con hacer crecer al handball nicoleño desde adentro.
Juanse y su zurda demoledora, haciendo jugar y convirtiendo para Don Bosco en el Estadio “José Cura” de Rosario.
El handball sobrevive en San Nicolás gracias al trabajo silencioso de clubes, padres y entrenadores que no bajan los brazos. En ese contexto, Don Bosco, desde siempre, se consolidó como una verdadera familia deportiva, presentando categorías completas, compitiendo a nivel nacional, formando jugadores y, sobre todo, personas. Dentro de ese entramado aparece Juanse Viscomi, un pibe que arrancó pateando una pelota de fútbol y terminó encontrando su lugar con la “pegajosa” en la entidad salesiana.
Hoy combina su rol de jugador activo con el de profe en divisiones formativas, mientras transita el último año del profesorado de Educación Física y suma herramientas desde la Escuela Nacional de Entrenadores de Handball (ENEHA). Sin apurarse, pero sin quedarse quieto, Juanse crece junto al club que lo vio formarse, entendiendo que el verdadero salto no siempre es de categoría, sino de conciencia, compromiso y sentido colectivo.
¿Cómo llega el handball a tu vida?
Aparece en 2016. Yo siempre jugué al fútbol, pero mi hermana jugaba handball. Iba a verla, me empezó a gustar y un día decidí probar. Arranqué en menores y desde ahí no paré más.
¿En qué sentido te cautivó Don Bosco?
Principalmente por la unión entre las categorías. Es una familia. Padres acompañando siempre, todos yendo a ver a todos. Además, armé un grupo de amigos desde menores que todavía hoy mantenemos.
¿Cuándo te diste cuenta de que te gustaba enseñar?
Un día Julia Vivas me llamó para ver si quería dar infantiles. Dudé, pero acepté. Arranqué con más dudas que certezas, pero me terminó gustando mucho. Como jugador fui cambiando: de chico era más individualista, buscaba el gol. Hoy trato de hacer jugar al equipo y elegir mejor.
¿Qué formación tenés actualmente?
Estoy en el último año del profesorado de Educación Física y en 2025 cursé el Nivel 1 de ENEHA.
¿Con cuántas categorías arrancaste y con cuántas estás hoy?
Comencé solo con infantiles. Hoy estoy en menores mujeres, cadetes varones y juveniles varones. En Don Bosco somos ocho entrenadores.
¿Cómo ves el handball nicoleño hoy?
El nivel es bueno, pero cuesta sostenerlo porque somos pocos equipos. Siempre jugamos contra los mismos. Aun así, cuando vamos a los Nacionales competimos bien. Todo es muy a pulmón. Sin padres y subcomisión no se podría jugar.
¿Qué le falta para dar el salto?
Más equipos, más competencia y rivales distintos. Eso te hace crecer.
¿Cómo está hoy la familia de Don Bosco?
La verdad que muy bien, creciendo un montón. Tenemos muchos chicos en todas las categorías, que eso es lo más importante. Presentamos todas las categorías todos los años. A veces no tenemos lugar para entrenar de tantos que somos, eso habla muy bien del club. A nivel competencia también bien, siempre alguna categoría logra salir campeona y eso también es bueno.
¿Creés que Don Bosco pueda convertirse en “club”?
Ojalá algún día pase. Yo me voy a sentir realizado cuando los chicos de inferiores lleguen a Primera y se consoliden.
¿Ser parte de la Generación Z ayuda a llegarles a los pibes?
Sí, tiene cosas buenas y malas. Hay más cercanía, más confianza; a veces, al ser joven, te cuentan cosas de su vida, pero también hay que marcar límites. La relación sigue siendo profe–alumno.
¿Con qué soñás cuando te vas a dormir?
Soy tranquilo. Me gustaría que alguna categoría de inferiores varones salga campeona, hace mucho que no pasa. Y seguir creciendo, paso a paso.
En tiempos donde la vorágine nos come, Juanse Viscomi elige el camino largo: estudiar, enseñar, jugar y construir. Sin atajos. Con convicción, pero siempre a su tiempo. Como se hacen las cosas en Don Bosco: a pulmón y con identidad.



