La paciencia de los vecinos de zona oeste y norte llegó al límite. En las últimas horas, una nutrida asamblea de residentes de los barrios Saavedra y Los Fresnos se vio obligada a dejar de lado su descanso para “patear el tablero” ante las autoridades de la Comisaría Segunda y el Comando de Patrullas. La consigna fue clara: en San Nicolás ya no se puede salir a la vereda sin mirar tres veces para cada lado.
El diagnóstico de la calle es desolador. Durante la reunión, los vecinos describieron un cambio de hábitos forzado por la delincuencia. “Ya no se toma mate afuera, no se deja el auto ni un minuto solo y las alarmas comunitarias no dan abasto”, comentaron algunos de los presentes con la bronca a flor de piel. El reclamo principal apuntó a la eficiencia de los recursos: exigen más presencia efectiva y que las cámaras de seguridad que el municipio promociona como vanguardia tecnológica se traduzcan en prevención real y no en simples filmaciones de hechos ya consumados.
Por el lado de la fuerza, los titulares policiales tomaron nota de los reclamos y prometieron reforzar los recorridos. Sin embargo, el escepticismo fue el gran protagonista de la noche. El vecino nicoleño ya conoce el modus operandi del poder: “Si tenés suerte vienen, patrullan dos días seguidos para que nos callemos y después desaparecen, dejándonos regalados otra vez”, sentenció un frentista con años en el barrio.
Los vecinos se preguntan si el “modelo de eficiencia” de los Passaglia contempla la seguridad en la periferia o si solo se enfoca en el maquillaje del centro y la costanera. En una ciudad que se pretende moderna, que la gente tenga que reunirse en una esquina para pedir que no la asalten suena a un retroceso difícil de digerir. El compromiso quedó sellado, pero la guardia de Saavedra y Los Fresnos seguirá alta; ya nadie se come el verso de las promesas si no ve el patrullero pasando por la puerta de su casa todos los días.



