
Laura Ricciardi, nacida en Buenos Aires, tuvo una infancia rodeada de familia en un típico hogar de la ciudad. Madre de dos hijas: Sofía y Marina, a las cuales les dedicó gran parte de su vida a través de la crianza y el acompañamiento, ya establecida en San Nicolás trabajó en radio en el área comercial. Fanática de la comunicación, estableció sus pasiones de forma repentina y sorpresiva, hasta que en un momento inesperado descubrió su deseo firme de cantar. El tango le brindó la oportunidad de subirse incontables veces al escenario, representando ciudades en otros países, formando parte de grupos de artistas, contando historias de una forma única y, por sobre todas las cosas, le dio lugar a todo tipo de emociones en las cuales, al final del recorrido de cada presentación, encuentra felicidad.
La aparición del tango en su vida: “En mis inicios el género melódico era el que predominaba, mis profesores me hacían cantar temas un poco más movidos y era un género en el cual no me sentía cómoda. En una clase, una persona, al escucharme cantar y observar mi tono de voz, me aconsejó cantar tango. En mi familia se escuchaba bastante, pero yo no estaba tan empapada en ese género, hasta que decidí interiorizarme y comprendí toda la carga emocional que contiene y cómo te obliga a conectar, a sentir y a establecer el lado pasional más acorde para contar las historias que el tango nos presenta”.
La emoción del 2×4: “Siempre me dijeron que a la música había que sentirla y con el tango me ocurre de manera innata, más allá de la pasión que una le pone a las cosas, el tango y sus historias llegan a mí de forma clara, sencilla e inevitable. Muchas veces me pasó que debí frenar un momento para poder salir de la historia que estaba contando o cantando, es algo muy loco, siento mucho lo que hago y en parte creo que, además de ser un lugar en mi esencia, es algo que me diferencia”.
El sentimiento predominante: “Lo melódico y el tango son los géneros en los cuales suelo desenvolverme, en este último encuentro la nostalgia absoluta acompañada de verdad en su estado más visceral. Tener el privilegio de conectar con lo que hago, disfrutarlo y poder hacer pasar un buen rato a quien me escucha, al punto de emocionar u ocasionar algún recuerdo, es una de las experiencias más increíbles de mi vida”.
El armado de repertorio: “Hay una lista de temas armada, la cual se ensaya estrictamente para el evento afín. Después, de acuerdo con el marco y el contexto del evento al cual me contratan, se realizan diferentes cambios. Una anécdota muy linda fue mi contratación para un cumpleaños de 15, el cual pensé que iba a cantar para los papás de la cumpleañera y resultó ser que quien cumplía años era la fanática del tango, fue una sorpresa muy grata”.
La asignatura pendiente complementaria: “Me encantaría aprender a bailar tango, pero por cuestiones de tiempo y dedicación me es imposible. Tomo las cosas de una forma muy profesional, aunque sean referentes a mis pasiones y mis gustos, y siento que no puedo dedicarme por completo a eso. Bailar tango realmente es una asignatura pendiente, hoy en día mi tiempo libre lo dedico a aprender temas nuevos y ampliar mi repertorio”.
El lado B fuera de las pasiones: “Mi familia es el lugar sagrado, nunca tuve que optar por el canto o la familia, gracias a Dios lo pude ir combinando y disfrutar lo que el proceso tenía para mí. Soy una agradecida de poder hacer lo que me gusta, trabajar de eso y no tener que haber hecho una elección determinante. Mi familia me apoyó el 100 por ciento. En épocas donde mis hijas tenían clases en la escuela, yo ensayaba a la noche y mi marido era el encargado de prepararles la cena mientras yo seguía aprendiendo lo que me gustaba, luego me esperaba para cenar juntos tarde a la noche y ese proceso fue durante un tiempo prolongado en la historia, así que imaginate lo apoyada que estuve por mi familia”.
La emoción que ocasiona el arte: “Creo que esa emoción puede definirse en una sola palabra: transmitir. Cuando canto siento que estoy transmitiendo lo que la música me provoca, así como también siento la respuesta que me transmite quien me escucha, esa sensación que no se encuentra en palabras y solo el arte puede producir. A veces como fuerza, otras como empuje y otras como emoción, es lo que más me conmueve de lo que hago y del arte que consumo”.
La felicidad consta de claridad y en esa búsqueda Laura no solo encontró un camino certero para sus emociones, sino también disfrutó, disfruta y seguirá disfrutando de quienes la acompañan, ya sea esperando con la comida hecha, con anécdotas de aventuras en cada viaje realizado a una presentación, con aguante ante cada espectáculo que realiza o simplemente con un mensaje motivador para afrontar lo que viene. En la simpleza, la felicidad suele ser rutinaria, así también inolvidable como cada historia que encierra el tango a través de su distinguida voz.



