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“Siento el disparo en el omóplato y lo único que recuerdo es que se me aflojaron las piernas”

Débora Conil recibió un tiro, tiene el proyectil alojado cerca del corazón y pide asistencia urgente para sus hijos

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La vida de Débora, una vecina de 35 años del Barrio Piolín, cambió para siempre la tarde del 3 de marzo. Lo que comenzó como un momento cotidiano de descanso en la vereda de su casa terminó en una tragedia que hoy la mantiene en una situación de extrema vulnerabilidad física y económica. En diálogo con Radio 102.9 COSA CIERTA, Débora relató los detalles de un ataque que no era para ella, pero cuyas consecuencias tendrá que cargar, posiblemente, por el resto de su vida.

El ataque y la lucha por su vida

Aquel domingo, alrededor de las tres de la tarde, Débora tomaba tereré con sus hijos mientras ellos jugaban. La tranquilidad se rompió cuando un vecino apareció armado, buscando a un amigo de la mujer que acababa de entrar a la propiedad. “Giro mi cabeza a la derecha y veo que venía un muchacho, un vecino mío de unas cuatro casas, gritando con un revólver en su mano”, relató Débora. En un acto reflejo por proteger a su hija pequeña, intentó levantarse cuando sintió el impacto: “Siento el disparo en el omóplato y lo único que recuerdo es que se me aflojaron las piernas”.

A pesar de no haber tenido una hemorragia externa, la bala calibre 22 dañó seriamente su pulmón izquierdo. La ambulancia, según su relato, tardó cerca de 45 minutos en llegar desde la delegación de Rojo, un tiempo crítico en el que sus hijos presenciaron la escena. “Escuchar los gritos de mi nena diciendo ‘se muere mi mamá’, mi otro nene al lado mío llorando… ellos ahora tienen que estar con tratamiento psicológico”, explicó conmovida. Tras ser ingresada al Hospital San Felipe, comenzó otra batalla: la falta de recursos para su operación, que obligó a su familia a presentar un recurso de amparo para lograr un traslado a un centro de alta complejidad.

Un proyectil que no pudo ser extraído

Tras 22 días en terapia intensiva en el hospital de Monte Grande, los médicos se encontraron con una complicación mayor: la ubicación de la bala. “La bala no me la pudieron extraer, abrieron el pulmón creyendo que la podían sacar, pero está alojada de otra manera. Esperan que se encapsule”, señaló. Actualmente, el proyectil permanece cerca de su corazón, lo que la obliga a un reposo absoluto y a un control constante de sus movimientos.

Los profesionales le han indicado que el proceso de recuperación llevará entre nueve meses y un año. Durante este tiempo, no puede realizar ningún tipo de esfuerzo físico ni trabajar. “Yo tengo que estar pendiente al mínimo dolor en mi pecho hoy en día y salir corriendo a la guardia a controlarme. Ojalá fuera tan fácil seguir una vida normal”, lamentó. Esta limitación física la deja en un estado de indefensión total, ya que es la única responsable de sus hijos: “Es complicado emocional y psicológicamente saber que mis hijos dependen de mí y que yo no puedo hacer absolutamente nada”.

El desamparo económico y la ayuda vecinal

Débora es madre de cinco hijos y el sostén principal del hogar. Al estar impedida de trabajar, la situación familiar se ha vuelto crítica. “Estamos sobreviviendo, porque nos está ayudando mi mamá con lo que es el alimento diario”, explicó. La asistencia del Estado ha sido insuficiente; según detalló, Acción Social se acercó solo una vez al inicio del incidente. Hoy, la familia depende de la solidaridad de organizaciones como el MTE (Movimiento de Trabajadores Excluidos) y de sus familiares. “Hace tres días que estoy sin gas, tengo una cocinita eléctrica, así que nos manejamos con eso”.

Pedido de ayuda a la comunidad nicoleña

Ante la imposibilidad de generar ingresos por su cuenta, Débora apeló a la solidaridad de los nicoleños para garantizar el bienestar de sus cinco hijos. “Yo lo único que necesitaría es alimentos, cosas de higiene, lo básico para mis hijos”, expresó durante la entrevista. La situación es dura, ya que los menores asisten a la escuela y requieren calzado y vestimenta adecuada para afrontar las bajas temperaturas. “Si es posible, puede ser ropa y zapatillas también, porque les hace falta y cosas de abrigo”. Débora enfatizó que no busca dinero, sino elementos de primera necesidad que le permitan sostener el hogar mientras transita su recuperación: “Más que nada alimentos y cosas de higiene, que es lo que más nos falta hoy”.

La tensión no es solo económica, sino también social, ya que convive en el mismo barrio con los allegados del agresor, quien está detenido por intento de homicidio. “Verlos y que te miren como diciendo ‘seguís viva’ o que te canten canciones, es como vivir con eso”, relató sobre el hostigamiento que reciben.

Para quienes deseen colaborar con alimentos, artículos de higiene o ropa de abrigo, se han puesto a disposición los teléfonos 3364-561148 (Débora) y 3364-175062 (Xiomara). La prioridad es garantizar el bienestar de los menores mientras su madre transita este proceso de recuperación.

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