Historias

Día internacional del té: historias que rodean a la infusión más consumida del mundo

La bebida celebra este 21 de mayo su jornada internacional reconocida por la ONU. Leyendas milenarias, cambios de calendario y el impacto económico de una costumbre que vuelve a ganar protagonismo con los primeros fríos

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El 21 de mayo se conmemora el Día Internacional del Té, una fecha establecida por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) que resalta el valor cultural y económico de la segunda bebida más ingerida del planeta, superada únicamente por el agua. Con la llegada de los primeros fríos otoñales a San Nicolás, el consumo de infusiones se incrementa en los hogares locales, volviendo oportuno repasar los secretos y las particularidades que rodean a esta milenaria tradición.

Un descubrimiento accidental

La tradición popular ubica el origen de la bebida en el año 2737 a.C. en China. Según la leyenda, el emperador Shennong descubrió la infusión por accidente cuando unas hojas de un árbol silvestre de Camellia sinensis cayeron dentro del agua que sus sirvientes hervían para el consumo real. Inicialmente, el preparado se utilizó de manera exclusiva como un tónico medicinal antes de expandirse globalmente como un hábito social cotidiano.

El misterio del calendario

Antes de la declaración oficial de la ONU en diciembre de 2019, los países productores celebraban la efeméride cada 15 de diciembre. Aquella fecha inicial nació en 2005 como un reclamo de los sindicatos agrícolas tras una severa crisis comercial en 1998. Al formalizarse el día ante los organismos internacionales, se decidió trasladar la conmemoración al 21 de mayo para hacerla coincidir exactamente con el inicio de las grandes cosechas de primavera en los principales centros exportadores del hemisferio norte, como China, India y Sri Lanka.

Sustento de comunidades remotas

Detrás de cada taza servida en las cafeterías o mesas nicoleñas existe un engranaje socioeconómico de gran magnitud. Los informes técnicos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) señalan que más de 13 millones de personas dependen de forma directa de este cultivo. Al tratarse de una actividad intensiva en mano de obra, genera empleo en áreas rurales desfavorecidas y promueve el empoderamiento de las mujeres, quienes conforman la mayor parte de la fuerza recolectora mundial.

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