La literatura acompaña a María Ester Wagner desde que era una niña, lo que comenzó como el gusto por leer diarios, revistas y cuentos terminó convirtiéndose en una vocación que la llevó a ejercer la docencia y años después, a publicar su primer libro. La profesora de literatura, escritora y editora, asegura que las palabras siempre fueron parte de su vida y que escribir fue la manera de transformar experiencias, emociones y preguntas en poesía.
Su acercamiento a la lectura nació de manera espontánea, cuando en su casa se compraba el diario y ella esperaba con ansias llegar a la última página para descubrir las frases que tanto la atrapaban. A eso se sumaban las historietas, las revistas Billiken y Anteojito y los cuentos que despertaban su imaginación. Sin embargo, el momento que marcó un antes y un después llegó a los 12 años, cuando una simple hoja amarilla caída de un gomero le inspiró su primera poesía.
“Una hoja amarilla de la planta de gomero tirada en la vereda en otoño me desprendió la primera poesía que salió como un bostezo, así de la nada.”
Ese poema llegó a manos de su maestra, María del Carmen Motta, quien decidió exhibirlo en la escuela para que todos los alumnos pudieran leerlo. Aunque hoy recuerda ese episodio con cariño, admite que en aquel momento la situación la desbordó.
“Me la hizo escribir en un papel afiche grande y colgar en la galería de la escuela. Me aplaudieron la directora y mis compañeros,sentí mucha vergüenza.”
La enseñanza como camino
Su decisión de convertirse en profesora estuvo ligada al deseo de seguir aprendiendo y de construir un futuro alrededor de aquello que más disfrutaba. Según cuenta, además de la pasión por la literatura, también estaba presente el valor que su familia le daba a tener una profesión.
Con el paso de los años descubrió que enseñar era otra forma de acercar los libros a las personas y de transmitir todo aquello que ella misma había recibido como estudiante.
Cuando se le pregunta si resulta más difícil enseñar literatura o escribirla, evita hacer comparaciones, ya que para Wagner, ambas actividades requieren compromiso y aprendizaje permanente, aunque reconoce que la escritura tiene un componente especial. “Es un don escribirla, un arte que se perfecciona y se pule. Enseñarla es muy hermoso, pero antes hay que estudiar para llegar al placer de transmitir.”

Un libro que nació por el impulso de los lectores
Aunque escribía desde hacía muchos años, recién en 2022 decidió publicar un libro, la idea surgió después de participar en varios encuentros literarios, donde quienes escuchaban sus escritos comenzaron a insistir para que incluyera sus poemas en una obra. “Muchos lectores de diferentes edades y ámbitos me pedían el libro, otros me alentaban para que lo hiciera, incluso estudiantes adultos”, recordó.
El resultado fue un poemario que gira alrededor de la vida, el amor, la desolación, los sueños y la relación del ser humano con el universo. La autora sostiene que además de reflejar esas búsquedas, el libro también fue una manera de darle un nuevo sentido a experiencias personales.
“Transformar el dolor en poesía es hacer catarsis. El arte sana.”
Para concretar la publicación seleccionó poemas escritos a lo largo de varios años y dedicó tiempo a ordenar el material y definir el diseño de la tapa. Aunque aclara que la obra no es autobiográfica, reconoce que una parte de ella está presente en cada página. “Ese yo lírico se desdobla, me interpela, saca la voz interior que también observa al otro y al universo.”
Los autores que le dejaron huellas
A la hora de hablar de sus influencias, Wagner explica que sería difícil quedarse con unos pocos nombres, entre los escritores que marcaron su manera de escribir menciona a Hermann Hesse, Jorge Luis Borges, Oliverio Girondo, Charles Baudelaire y Alejandra Pizarnik, entre otros.
También reconoce que su forma de leer estuvo profundamente influenciada por los profesores que tuvo durante el profesorado, quienes le enseñaron nuevas maneras de interpretar la literatura.
La pérdida del hábito de leer
Como docente observa con preocupación el vínculo que muchos jóvenes tienen actualmente con la lectura; considera que la inmediatez de los teléfonos y las redes sociales dificulta el desarrollo del hábito de leer, ya que exige tiempo, concentración y paciencia.
“Leer implica detenerse, concentrarse y dejar pasar el tiempo por las páginas, el uso de los celulares hace que todo sea inmediato y así se pierde la capacidad de concentración.”
Sin embargo, destaca que cuando un estudiante logra conectar con un libro, los resultados aparecen con el tiempo. Por eso, asegura que una de las mayores satisfacciones de su carrera es descubrir que antiguos alumnos comenzaron a leer gracias a sus clases. “Sembrar en ellos me resulta increíble, lo maravilloso es cuando evolucionan; entonces siento que no fue en vano.”
La literatura nicoleña
Para Wagner, San Nicolás mantiene una intensa actividad literaria gracias al esfuerzo de distintos grupos de escritores que organizan encuentros y sostienen esos espacios de manera independiente, además, recuerda que la ciudad llegó a ser conocida como la “Ciudad de poetas”, un reconocimiento impulsado por Horacio Rega Molina hacia mediados del siglo pasado por la calidad de los autores locales, no obstante, considera que hoy la mayor parte de ese movimiento cultural depende del trabajo de los propios escritores.
“Los espacios los hacen los mismos escritores. No hay auspicios desde hace varios años.”

Un mensaje para quienes todavía no leen
Presentar su obra en la ciudad donde vive y trabaja significó una enorme satisfacción, especialmente porque sabía que había lectores esperando ese libro desde hacía tiempo. Su mayor deseo es que los poemas puedan ser apropiados por personas de distintas edades y que cada uno encuentre en ellos una experiencia propia.
“Que los poemas les lleguen a los adolescentes y a todos sin distinciones, que se apropien de ellos y los hagan suyos, es lo más lindo”
A quienes todavía no incorporaron la lectura como hábito les dejó un consejo sencillo: “Lean el libro que los atrape y si no es ese, sigan buscando. Siempre hay uno que nos sostiene, nos enseña, nos ayuda a pensar y nos lleva a mundos inimaginables.”
Si tuviera que resumir su obra en una sola frase, elegiría “Reciclaje natural en el universo”. Mientras tanto, ya trabaja en nuevos proyectos: Espera volver a publicar un libro de microficciones y más adelante, un nuevo poemario. Como escritora, asegura que quiere seguir creciendo y aprendiendo, mientras que como docente siente que continúa cumpliendo el objetivo que se propuso hace muchos años.


