
El tenis fue su casa desde antes de entenderlo. Nicolás Bulacio apenas tenía tres años cuando, según cuentan sus padres, comenzó a perseguir un canasto de pelotas en las canchas del CIT (Centro Integral de Tenis). A los siete volvió al mismo lugar acompañando a su tía y ahí terminó de enamorarse de un deporte que marcaría toda su vida. Hoy, décadas después, sigue respirando el deporte de la raqueta, aunque desde otro lugar: ya no como aquel juvenil que soñaba con el circuito profesional, sino como uno de los grandes referentes de la enseñanza y el desarrollo regional.
Bulacio llegó a competir en el circuito ITF, la primera escala profesional que otorga puntos ATP. Sin embargo, a los 21 años debió frenar su carrera como jugador por cuestiones económicas. “Había que salir más al exterior y mi familia no podía sostenerlo”, recordó en diálogo con GOLAZO. Lejos de alejarse del deporte, transformó esa experiencia en vocación. Empezó a mirar a los entrenadores, a estudiar movimientos, formas de comunicar y maneras de enseñar. Desde Tito Farías hasta Gabriel Ortiz, Romina Ottoboni o Fabián Blengino, cada uno dejó huellas en su formación.
Con el tiempo pasó por distintos clubes de la región como Automóvil, Belgrano, Juncal y Regatas, acumulando experiencias y construyendo un estilo propio. Hoy encabeza el proyecto deportivo del Lawn Tennis, institución histórica del deporte blanco en la ciudad que atraviesa una etapa de renovación y crecimiento.
La reciente inauguración de la moderna iluminación de las canchas marcó un antes y un después para el club ubicado en la Avenida Luis Viale y Sarmiento. La obra, impulsada por la comisión directiva encabezada por Adrián Angélico y Javier Ríos, permitió posicionar nuevamente al Lawn Tennis entre los espacios deportivos más importantes de la región. “Hoy contamos con la mejor iluminación de la zona y esto recién empieza”, sostuvo Bulacio, quien además destacó el trabajo conjunto con Gina Caprodossi y Luca Di Giacinti para potenciar la escuela de tenis.
El proyecto apunta no solo a mejorar la infraestructura, sino también a abrir el deporte a toda la comunidad. Actualmente no es necesario pagar cuota societaria para comenzar a jugar y el club ofrece clases para niños, adultos, damas y grupos competitivos. “Queremos que cualquier persona pueda acercarse al tenis y sentirse parte”, explicó.
Uno de los mayores orgullos de Bulacio pasa por el grupo de competencia que coordina desde hace más de cuatro años. Son chicos que crecieron juntos, compartiendo viajes, entrenamientos y torneos. “Lo más lindo es que desde un deporte individual se formen amistades tan fuertes”, expresó. Debajo de ellos ya aparecen nuevas camadas que encuentran inspiración en sus compañeros mayores.
Para el entrenador, el tenis nicoleño atraviesa uno de sus mejores momentos. Calcula que cerca de 3000 personas practican el deporte en la ciudad entre menores y adultos. Atribuye parte de ese crecimiento al auge general de los deportes de raqueta y a la consolidación de nuevos espacios.
Apasionado y reflexivo, Bulacio también analizó el presente del tenis argentino. Considera que el país sigue produciendo jugadores de gran nivel pese a la escasa inversión, aunque cree difícil repetir una generación como la de Nalbandian, Coria o Del Potro. “La competencia es fundamental para el desarrollo de un jugador”, afirmó.
Cuando se le pregunta qué sería de su vida sin el tenis, la respuesta sale automática y sin filtros: “Si el tenis no existiera, yo tampoco lo haría”. Una frase que resume el recorrido de alguien que convirtió una pasión de infancia en un proyecto de vida y que hoy trabaja para que nuevas generaciones encuentren, dentro de una cancha, el mismo amor que lo acompaña desde siempre.



