
Manuel Passaglia parece haber encontrado una fórmula recurrente: cuestionar cada decisión de la Provincia con la expectativa de capitalizar políticamente el descontento. Esta vez, el blanco de sus críticas fue IOMA. A través de sus redes sociales, apuntó contra la suspensión de una reunión y denunció faltantes de medicamentos. Sin embargo, detrás de esos cuestionamientos aparece una contradicción difícil de ignorar: resulta sencillo señalar problemas cuando se habla desde afuera, sin asumir las responsabilidades que también corresponden a quien ocupa un cargo público.
Criticar el sistema de salud como si se tratara de un ciudadano ajeno a la gestión puede generar repercusión inmediata, pero Passaglia no es un observador más. Es diputado provincial y percibe un salario para representar a los bonaerenses. Por eso, la sociedad no espera únicamente publicaciones en redes sociales ni declaraciones de ocasión. Espera que participe de los ámbitos institucionales donde se debaten soluciones, impulse iniciativas concretas y utilice las herramientas que le otorga su función para contribuir a resolver los problemas que denuncia.
La salud pública no se construye exclusivamente desde los despachos provinciales. También se sostiene en cada distrito, en cada comunidad y en cada decisión política que impacta sobre la vida cotidiana de los vecinos. En ese contexto, los dirigentes con representación regional deberían explicar qué aportes realizan desde sus propios espacios para fortalecer el sistema, en lugar de limitarse a trasladar toda la responsabilidad a otros niveles del Estado. La política demuestra su utilidad cuando genera respuestas, promueve acuerdos y construye alternativas viables, no cuando reduce el debate público a una sucesión de mensajes diseñados para obtener repercusión inmediata.
Imposible es desconocer que la Provincia enfrenta desafíos importantes en materia sanitaria ni que IOMA arrastra problemas que requieren atención urgente. Pero reconocer esas dificultades no implica aceptar que la discusión se reduzca a una estrategia comunicacional. Las soluciones difícilmente aparezcan a partir de la confrontación permanente o de la búsqueda de impacto en redes sociales. Si la preocupación por la salud de los afiliados es genuina, el camino debería ser el de las propuestas, el trabajo legislativo y la construcción de consensos. Lo contrario corre el riesgo de transformar un problema real en una herramienta de posicionamiento político.



