Opinión

Mirar hacia afuera para no hacerse cargo

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Hay una práctica habitual en la política: cuando la realidad incomoda, siempre resulta más sencillo señalar los errores ajenos que asumir las propias responsabilidades.

En San Nicolás esa estrategia se convirtió en una marca de gestión. Cada aparición pública del intendente encuentra un nuevo destinatario para sus críticas: el Gobierno Nacional, la Provincia o cualquier organismo cuya competencia permita desviar la conversación hacia afuera del Palacio Municipal.

Es cierto que los accesos, las rutas nacionales y los puentes dependen de otras jurisdicciones. Reclamar por su estado no solo es legítimo, sino también una obligación institucional. El problema comienza cuando ese reclamo se transforma en el eje permanente del discurso mientras la ciudad exhibe deficiencias que nadie puede atribuir a otro gobierno.

Las calles destruidas de numerosos barrios, el deterioro del mantenimiento urbano, los graves problemas de seguridad, la falta de respuestas para los sectores más postergados y las tasas municipales usurarias forman parte de una realidad cotidiana que no depende de la Casa Rosada ni de la Gobernación. Depende exclusivamente del Municipio. Pero la administración passaglista parece mucho más preocupada por construir un relato político que por ofrecer soluciones concretas.

La gestión de los hermanos Passaglia hace tiempo dejó de girar alrededor de la administración de la ciudad para concentrarse en un objetivo mucho más ambicioso: consolidar un proyecto de poder familiar con proyección provincial. Cada decisión, cada aparición pública y cada confrontación parecen responder más a esa estrategia que a las necesidades inmediatas de los nicoleños.

Mientras tanto, los vecinos conviven con una presión tributaria cada vez más pesada. San Nicolás figura entre los municipios con tasas más elevadas del país, pero ese esfuerzo económico difícilmente encuentra su correlato en servicios públicos acordes, mantenimiento sostenido o una infraestructura necesaria que justifique semejante carga fiscal.

La seguridad constituye otro ejemplo de esa lógica. Cada hecho delictivo vuelve a poner en evidencia una tendencia preocupante: el Municipio procura instalar la idea de que se trata de una responsabilidad exclusivamente provincial, cuando hace tiempo la prevención del delito requiere una participación activa de los gobiernos locales mediante políticas integrales, inversión, iluminación, tecnología, control urbano y coordinación permanente con las fuerzas de seguridad.

También preocupa la perpetua nula vocación por la transparencia. Una administración que maneja presupuestos millonarios debería comprender que rendir cuentas no es una concesión sino una obligación democrática.

En San Nicolás, la información pública aparece siempre fragmentada, limitada o condicionada por una comunicación oficial que privilegia la costosa propaganda antes que la explicación.

A esa distancia con los ciudadanos se suma otra aún más profunda: la que separa al centro de los barrios. Mientras las imágenes institucionales muestran plazas renovadas y grandes intervenciones urbanas, numerosos sectores continúan esperando pavimento, desagües, iluminación, mantenimiento y respuestas básicas que nunca llegan.

Gobernar implica asumir responsabilidades, no administrarlas según convenga al discurso político del momento. Quien reclama con firmeza hacia afuera también debe aceptar que será evaluado con el mismo rigor por aquello que ocurre puertas adentro.

Los nicoleños no eligieron a un intendente para que les explique por qué otros no cumplen. Lo eligieron para que resuelva los problemas que están bajo su responsabilidad.

Y cuando una gestión dedica más tiempo a construir enemigos externos que a reparar sus propias falencias, el riesgo es evidente. La política deja de ser una herramienta para mejorar la ciudad y la calidad de vida de los vecinos y se convierte directamente en una plataforma para sostener un proyecto de poder, que además es familiar.

Los nicoleños no necesitan un intendente que analice como adolescente perezoso la casa del que vive enfrente cuando la suya se la cae a pedazos. Necesitan un gobernante maduro, serio y responsable que miré a San Nicolás. Y se preocupe y ocupe de los nicoleños.

 

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