Historias

Lucía Baquela: una historia entre tazas, bandejas y comandas

Con apenas 20 años, trabaja como moza en Soul Café mientras construye su independencia. Habla sobre el esfuerzo, la atención al público, sus estudios pendientes y la confianza con la que proyecta su futuro

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Lucía Baquela es una joven con objetivos totalmente claros: trabajar, independizarse y mostrarle al mundo de lo que es capaz. Terca, como su lado taurino demanda, resistente a pedir y aceptar ayuda, está convencida de poder hacer todo sola.

Arrancó a trabajar a los 15 años de manera independiente porque siempre quiso tener su propia plata. Empezó con la venta de comidas caseras en plazas y parques, hasta que, una vez finalizada la escuela secundaria, ingresó a trabajar en un drugstore ubicado en el centro de la ciudad.

Hoy es una de las mozas de “Soul Café”, donde su juventud, sumada a su alegría y proactividad, hace que su atención genere una sensación de bienestar en el cliente. Con ella, tomar un café, leer o comprar un libro acompañado de una sonrisa puede transformar un momento cotidiano en una experiencia agradable.

La experiencia que marcó el camino: “Una vez finalizado el secundario, empecé a tirar currículums por todos lados hasta que me llamaron del drugstore de Nación y Urquiza y ahí quedé, justo recién cumplidos los 18 años, en ese lugar aprendí a hacer todo, cómo manejarme, cómo tratar con la gente, es complicado para una persona joven entender que hay un mundo más allá de la escuela, fue todo muy loco para . También recalco la confianza que me tuvieron en su momento porque tenía cero experiencia y no sabía ni cómo agarrar una bandeja, saber cómo preguntar lo que deseas, en cierta forma tenés que crearte un personaje que tenga ciertos diálogos mecanizados para ahorrar tiempo en ambas partes (mozo/cliente), sin perder la personalidad”.

La relación con el trabajo: “Claramente en el rubro de la gastronomía existe una relación tóxica, hay momentos que no podés respirar de todas las cosas que tenés por hacer y en otros sí o sí tenés que buscar algo para hacer, a su vez todo ese conjunto de trabajo te lleva a generar diferentes tratos que a veces no son buenos, pero son pasajeros. No podría trabajar en una oficina, mi cabeza ya está programada para todo el caos y toda la adrenalina que genera la atención al público y sus actividades relacionadas”.

La elección por la atención al público: “Es el rubro que me fascina, lo elegí particularmente por la cantidad de historias, anécdotas y personalidades que se pueden encontrar, esa variedad hasta incluso de tratos a nivel generacional a veces me hace reflexionar sobre todo lo que pasa en la sociedad. A pesar de a veces ser un edad difícil, la gente mayor tiene un lugar de privilegio al momento de generar diálogo”.

El manejo del trabajo: “Trato y quiero hacer todo sola, soy así, la gente no se toma muy a bien el hecho de que invada quizás otros espacios, pero si estoy desocupada y puedo hacerlo, me voy a encargar de eso, quizás no me corresponda o no sea mi función, pero si veo la oportunidad, lo voy a hacer, no como opción para escalar de puesto o demostrar algo en particular sino hacerlo en función de mejorar la atención y sacar carga y presión en entregas de personas que no dan abasto. Me gusta ayudar a los demás de la misma forma que me gustaría que me ayuden”.

La actualidad de los bares en la ciudad: “El nicoleño tiene que darle la oportunidad a lo que ocurre más allá del clásico espacio peatonal, salir de esa costumbre y recorrer la cantidad de propuestas que hay en la ciudad, incluso muy cerca de ahí. Hoy formo parte de ‘Soul’ y es una propuesta que todo nicoleño merece conocer, nos está yendo bien, con gran concurrencia al lugar, pero considero que el nicoleño debe moverse más para salir de lo fácil y encontrar algo que le guste realmente”.

El futuro laboral: “A esto lo tomo como un hobby, el rubro de atención al público es algo que disfruto muchísimo, pero me gustaría ser bioquímica, arranqué la carrera dos veces en Rosario y por algún motivo u otro pausé ese camino, sé que en algún momento voy a retomarlo y finalizarlo, también en San Nicolás comencé la carrera de análisis de laboratorio y clínico, pero por cuestiones laborales no pude terminarla”.

La personalidad constituida: “Siento que la confianza es un pilar en mi vida, me he llevado desilusiones pero sigo confiando. Sigo intentando hacer las cosas a mi modo, sé que todavía soy muy chica, tengo 20 años y lo normal es que me equivoque, pero las ideas para tener una mejor vida, así como la capacidad para poder hacer las cosas creo que las tengo, el tiempo dirá y espero que sea para bien”.

El caos trae sus miedos e inseguridades, mucho más cuando todavía queda mucho camino por recorrer. Sin embargo, también puede convertirse en el impulso para seguir avanzando. Para algunos será el amor propio; para otros, el aprendizaje forjado a partir del fracaso y el dolor. En el caso de Lucía, es la confianza la que parece marcar el rumbo. A pesar de su terquedad, su vocación de servicio y su deseo de progresar se reflejan en la sonrisa con la que recibe a cada persona que busca hacer una pausa de su rutina en el bar.

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