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La vida de Gonzalo Hernández, uno de los padres del handball nicoleño

"Probé el handball y nunca más me fui"

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Jugador, entrenador, profesor, referente de Belgrano y ASBALNOR. A casi tres décadas de sus primeros pasos en el deporte, Gonzalo “Facha” Hernández (41) repasa el camino que recorrió dentro del balonmano, la familia que construyó alrededor de la pelota y los sueños que todavía lo movilizan

Hace casi treinta años que el handball atraviesa su vida y, en el camino, pasó por todos los roles posibles: jugador, profesor, preparador físico, entrenador y formador.

Fue protagonista del nacimiento de ASBALNOR, integró el staff del Proyecto ProHand de la Confederación Argentina, dirigió seleccionados regionales, devolvió a Belgrano a la cima del handball local y recientemente alcanzó un histórico quinto puesto con la Selección Mayor de la Asociación en el Argentino de Selecciones.

Pero cuando habla de sus mayores logros, no pone el foco en las medallas. Prefiere hacerlo en las personas, en el club que considera su segundo hogar y en la familia que construyó alrededor de este deporte. En una charla con GOLAZO, repasó el recorrido de toda una vida dedicada al 40×20.

¿Cómo llegó el balonmano a tu vida?

Jugaba al básquet en Belgrano desde los ocho años. En 1997, cuando tenía 12, apareció la posibilidad de probar handball con un equipo que armó Julián Cantagallo para disputar los Juegos Bonaerenses. Ese mismo año viajamos a Mar del Plata y ahí empezó todo. Nunca imaginé que esa experiencia iba a cambiar mi vida.

Después de aquel primer grupo pasó por Don Bosco y CASBA, hasta que en 2006 regresó definitivamente a Belgrano.

¿Volviste ya como jugador y profesor?

Sí. Regresé para jugar, pero también para empezar a enseñar. Con el tiempo terminé dedicándome cada vez más al rol de entrenador y formador.

Los primeros años de ASBALNOR

Cuando Hernández habla del crecimiento del handball regional, inevitablemente aparece un nombre propio: ASBALNOR (Asociación de Balonmano del Norte de la Provincia de Buenos Aires).

Vivió desde adentro su nacimiento y fue uno de los protagonistas de una etapa fundacional que terminó cambiando la realidad del deporte en el norte bonaerense.

¿Qué recordás de aquellos primeros años?

Me acuerdo de muchas reuniones en Ramallo con los profesores de ese momento. Belgrano todavía pertenecía a la Asociación Rosarina y recién en 2007 pasamos a competir en ASBALNOR. Ese cambio fue muy importante porque rápidamente empezamos a llevar jugadores de inferiores a los Argentinos de Selecciones.

¿Imaginaban el crecimiento que tendría la Asociación?

No. Fue muchísimo más grande de lo que pensábamos. Creo que el boom llegó cuando Los Gladiadores clasificaron por primera vez a unos Juegos Olímpicos. Justo en ese momento, junto con Javier Sánchez y Hernán Sciarresi, estábamos trabajando dentro de la Asociación. Fue un impulso enorme. Hoy es muy lindo ver tanta gente comprometida: dirigentes, entrenadores, jugadores y familias.

Belgrano, mucho más que un club en su vida

A lo largo de la charla, Hernández habla de Belgrano casi como si hablara de su propia casa. No exagera. En Pellegrini jugó, trabajó, formó jugadores, conoció a su pareja y hoy también ve crecer a sus hijos.

¿Belgrano es tu segundo hogar?

Totalmente. Cuando llegué como profesor el handball ya existía, pero coincidí con mucha gente que empujó para hacerlo crecer. Entre todos fuimos construyendo algo muy lindo. Además soy hincha del club y eso siempre me dio una cercanía especial con los chicos.

Hoy ya no solo dirige. También acompaña a entrenadores que alguna vez fueron sus propios alumnos.

¿Qué sentís cuando ves eso?

Es una sensación hermosa. Muchos de los profes que hoy trabajan conmigo fueron alumnos míos. Verlos crecer y seguir transmitiendo la pasión por este deporte es uno de los regalos más lindos que me dio el handball.

La familia que nació alrededor de una pelota

Uno de los momentos más personales de la entrevista aparece cuando habla de su sangre. Porque el handball también le regaló el amor.

¿Toda tu familia acompaña esta locura?

Siempre. Si no fuera por ellos sería imposible dedicar tantas horas al deporte. Formé una familia con Melo, que está tan loca por el handball y por Belgrano como yo. Ahora nuestros hijos también empiezan a acercarse al deporte y eso me llena de felicidad. A ella le voy a estar eternamente agradecido por acompañarme en este camino.

El sueño de vestir la camiseta argentina

Uno de los capítulos más especiales de su carrera llegó con el Proyecto ProHand. Allí dejó de trabajar únicamente para su club y pasó a colaborar en el desarrollo de los seleccionados nacionales juveniles.

¿Qué significó esa experiencia?

Fue espectacular. Primero me convocaban para acompañar concentraciones en Embalse y Chapadmalal con jugadores de la región. Después, en 2018, me invitaron a integrar el cuerpo técnico como preparador físico de las selecciones menores y cadetes.

Ese año vivió uno de los momentos más importantes de su carrera.

¿El Sudamericano de Mendoza?

Hermosos recuerdos. Salimos campeones y fue una de las sensaciones más lindas que me dio el deporte. Son momentos que quedan para siempre.

El desafío de volver a poner a Belgrano en lo más alto

En los últimos años, Hernández también debió atravesar un proceso de reconstrucción deportiva.

¿Cómo fue recuperar el protagonismo?

Nos tocó hacer una reestructuración importante. Perdimos finales, pero nunca dejamos de trabajar. El año pasado terminamos primeros en la tabla anual y eso nos permitió volver a un Nacional A de Clubes. En la final de este Apertura nos enfocamos mucho en mejorar nuestro juego, analizamos videos, entrenamos muchísimo y logramos superar la vara que había puesto Somisa.

ASBALNOR volvió a ilusionarse

El reciente quinto puesto conseguido por la Selección Mayor masculina volvió a poner a la Asociación entre las mejores del país.

¿Qué balance hacés del Argentino?

Fue un desafío enorme. Había que reunir a los mejores jugadores de la región y formar un grupo en poco tiempo. Lo conseguimos. Estuvimos a apenas tres goles de meternos en semifinales. Ojalá sea el puntapié para seguir fortaleciendo los seleccionados adultos.

Uno de los logros más resonantes de la temporada llegó hace apenas unas semanas. Después de varios años de intentos frustrados, Belgrano volvió a gritar campeón en Primera División masculina de ASBALNOR y cortó el pentacampeonato consecutivo de Somisa, un rival que había marcado el ritmo del handball regional durante el último lustro. Para Hernández, el título fue el resultado de un proceso sostenido, de paciencia y de mucho trabajo puertas adentro.

En Masculino, recientemente le rompieron el pentacampeonato a Somisa y volvieron a conquistar el Apertura. ¿Dónde estuvo la clave?

“Tuvimos una reestructuración en la Primera masculina y nos costó volver a jugar finales de calidad. Más allá de haber perdido las dos anteriores, el año pasado terminamos como los mejores de la tabla anual y eso nos permitió clasificar por segunda vez al Nacional A de Clubes, que jugaremos en agosto. Para esta final nos enfocamos mucho en nuestro juego, analizamos videos, entrenamos muchísimo y trabajamos para superar la vara que había puesto Somisa, que realmente era muy alta. Creo que pudimos plantear un gran partido y las cosas nos salieron bastante bien.”

Gonza durante el Torneo Argentino de Selecciones Adultas, donde condujo al seleccionado masculino de ASBALNOR hacia un histórico quinto puesto a nivel nacional.

“Los sueños no tienen límite”

Después de casi tres décadas ligado al handball, Hernández todavía habla del futuro con la misma ilusión que aquel chico de 12 años que viajó a Mar del Plata para jugar unos Bonaerenses.

¿Con qué soñás hoy?

Si me dejás soñar, no hay límites. Ojalá sigan llegando cosas lindas con Belgrano y con los seleccionados. Pero, sobre todo, quiero acompañar a mis hijos en el deporte y en todo lo que elijan. Aprendí que los sueños no se cumplen solos: hay que trabajarlos, tener paciencia y nunca conformarse con lo conseguido.

Porque si algo demuestra la historia del ‘’Facha’’ es que el verdadero legado no siempre se mide en campeonatos. Se construye entrenando de lunes a lunes, formando jugadores, acompañando personas y haciendo que el deporte crezca minuto a minuto.

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