
Hay apellidos que el básquet vuelve a poner en escena. Y Lorio es uno de ellos.
En 1992, Ricardo Ángel Adrián “El Pájaro” Lorio fue uno de los pilares del equipo más importante de la historia de Regatas. Integró el inolvidable quinteto dirigido por Guillermo Edgardo Vecchio que consiguió el ascenso a la Liga Nacional A, el máximo logro del básquet del club de La Ribera, en el año de su centenario.
Escolta de enorme jerarquía, nacido en Junín, tenía una mano privilegiada. Fue un tirador excepcional y apareció en los momentos más calientes de aquella campaña. Sus triples resultaron decisivos en la serie final frente a Banco de Córdoba, que Regatas ganó 3-0 para concretar el ansiado ascenso en suelo cordobés.
Treinta y cuatro años después, el apellido volvió a cruzarse con el destino del Náutico. Esta vez desde la vereda de enfrente.
Genaro Lorio, su hijo, también nacido en Junín, hoy defiende la camiseta de River Plate. En el primer partido de la final por el ascenso a la Liga Argentina fue la gran figura del “Millonario”: anotó 25 puntos, con 5 triples, y lideró la victoria sobre Regatas.
El padre quedó para siempre en la historia grande del club. El hijo, con el mismo talento para el lanzamiento exterior, fue protagonista frente a ese mismo Regatas que alguna vez hizo eterno el apellido Lorio.
Las camisetas cambiaron. El talento sigue siendo el mismo. Porque hay historias que el básquet escribe de generación en generación.



