
La derrota ante River todavía duele. El ascenso a la Liga Argentina estuvo demasiado cerca y la tristeza es inevitable. Pero cuando pase un poco el dolor, Regatas podrá mirar hacia atrás y entender todo lo que ganó. Después de 11 meses de suspensión por parte de la CAB, volvió a competir y lo hizo a lo grande.
Fue campeón de la Liga Provincial, venciendo a Belgrano en la final en Tres Arroyos, y después llegó hasta la final de la Liga Federal por el ascenso, donde cayó ante River.
Pero hubo otra batalla, mucho más silenciosa, que también ganó: recuperar la imagen del club.
La dirigencia trabajó puertas adentro, luchó contra la violencia y consiguió algo que habla por sí solo: no recibió una sola multa por informe durante las dos competencias. Y sus hinchas fueron protagonistas de ese cambio.
Acompañaron de local y visitante. En Núñez coparon la popular, alentaron hasta el final y armaron una fiesta aun en la derrota. Después observaron con respeto el festejo del ascenso de River en su propia cancha.
En los playoffs perdió tres de sus últimos cuatro partidos como local. Uno fue el clásico ante Belgrano. No hubo incidentes.
Deportivamente, además, fue el mejor de los tres equipos de San Nicolás: ganó un título, se quedó con los clásicos más importantes y llegó más lejos que sus vecinos.
Y recuperó algo difícil de medir en cualquier balance: la pasión.
Ante River, La Ribera recibió cerca de 2.000 personas, una cifra que no registraba desde hacía más de 20 años. Mujeres, chicos, familias enteras, jóvenes y gente mayor. Todos unidos detrás de una camiseta. La venta de indumentaria fue un boom. Regatas volvió a ocupar un lugar central en la ciudad.
El ascenso quedó pendiente. El sueño tendrá que esperar. Pero después de todo lo vivido, hay una certeza: Regatas no ganó la última batalla. Ganó muchas otras. Y algunas de ellas pueden ser el punto de partida para todo lo que viene.



