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Puro corazón

Federico Repetti volvió a Regatas para recuperar sensaciones, ser campeón provincial y soñar con el ascenso a la Liga Argentina. En la definición ante River jugó como se juegan las grandes batallas: con el cuerpo, con el alma y con el corazón. Esta imagen resume una temporada en la que el pivote sampedrino volvió a sentirse importante

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Hay fotos que cuentan una historia sin necesidad de demasiadas palabras.

Esta es una de ellas.

Federico Repetti está de espaldas, con la camiseta número 15 de Regatas, mirando hacia el aro y metido en una batalla que parece no tener fin. Adelante está Genaro Lorio. A su alrededor, River. Y detrás, una La Ribera encendida, empujando a un equipo que todavía se resiste a entregar el sueño del ascenso.

La imagen dice todo.

Dice esfuerzo. Dice sacrificio. Dice orgullo.

Y, sobre todo, dice corazón.

Repetti volvió a Regatas para volver a sentirse jugador. Para recuperar la confianza. Para encontrar otra vez ese básquet que alguna vez lo llevó a ser protagonista. Y terminó siendo una pieza fundamental de un equipo que primero se consagró campeón provincial y después llegó hasta el último partido de la Liga Federal peleando por un lugar en la Liga Argentina.

Su temporada fue de 9,2 puntos y 7,5 rebotes de promedio. Pero los números cuentan solamente una parte de la historia.

La verdadera dimensión de Repetti apareció cuando llegaron los playoffs.

Cuando los partidos empezaron a valer más. Cuando cada rebote fue una batalla y cada pelota dividida tuvo el peso de una temporada entera.

Ahí apareció.

Y descolló.

En la definición ante River, especialmente, jugó como si no existiera el cansancio. Se fajó abajo del aro, atacó a Lorio, chocó con los internos del Millonario y bancó en defensa a Julián Aprea. Peleó cada posesión como si fuera la última.

Y tuvo que hacerlo casi solo.

Las lesiones de Omar Cantón y Jonathan Basualdo dejaron a Regatas sin sus otros internos naturales. Repetti quedó como el único especialista disponible para una tarea que parecía demasiado grande.

Pero nunca pareció demasiado grande para él.

Se puso el equipo al hombro desde donde más duele: abajo del aro.

Saltó. Chocó. Rebotó. Defendió. Atacó.

Y volvió a levantarse una y otra vez.

Quizás por eso esta fotografía sea tan representativa.

Porque no muestra a Repetti festejando. No lo muestra levantando una copa ni celebrando una victoria. Lo muestra en plena lucha, de espaldas, concentrado, esperando la próxima pelota.

Como fue toda su temporada.

Una temporada de reconstrucción personal y colectiva. De volver a confiar. De recuperar protagonismo. De demostrar que todavía tenía mucho para dar.

El ascenso finalmente no llegó.

River se quedó con la serie y con el premio mayor.

Pero Repetti se quedó con algo que también vale muchísimo: la certeza de haber recuperado su mejor versión cuando Regatas más lo necesitaba.

Y eso no aparece en una planilla estadística.

Aparece en una foto.

En una camiseta transpirada.

En un rebote peleado entre gigantes.

En un cuerpo que ya no tiene más fuerzas, pero igual vuelve a saltar.

En un jugador que, aun sabiendo que el sueño se escapa, sigue peleando.

Federico Repetti. El 15. El pivote sampedrino. El que volvió.

El que terminó jugando con alma y vida.

Puro corazón.

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