
La discusión sobre los límites a las reelecciones de los intendentes bonaerenses terminó exponiendo una de las particularidades políticas de nuestra ciudad desde 2011, la conducción del Municipio permanece en manos de integrantes de una misma familia.
El señalamiento partió del diputado provincial de La Libertad Avanza, Agustín Osaba, quien aprovechó un intercambio público entre dirigentes del PRO, el peronismo y el espacio libertario para cuestionar directamente al exintendente y actual legislador provincial Manuel Passaglia.
El debate se originó a partir de una publicación de Cristian Ritondo, quien luego de reunirse con Sebastián Pareja planteó avanzar con reformas políticas en la provincia de Buenos Aires, entre ellas mantener el límite de dos mandatos consecutivos para los intendentes.
La postura generó una reacción de Manuel Passaglia, dueño de Hechos, quien se mostró a favor de limitar las reelecciones, aunque cuestionó a Ritondo y Pareja por los acuerdos políticos alcanzados con el peronismo en torno al Banco Provincia.
Fue entonces cuando Osaba decidió trasladar la discusión al plano local y poner bajo la lupa la trayectoria política de los Passaglia.
“Manuel, si estás en contra de los privilegios de la política, arrancá por casa”, escribió el legislador libertario.
El cuestionamiento fue todavía más directo al referirse a la continuidad familiar en el gobierno nicoleño.
“Los Passaglia gobiernan San Nicolás hace 15 años y se van pasando el municipio entre ellos como si fuera un mate”, sostuvo Osaba.
El dato que utiliza el legislador para fundamentar su crítica es concreto: la familia Passaglia permanece al frente del Municipio desde 2011. Ese año asumió Ismael Passaglia, quien fue posteriormente reelecto y permaneció en el cargo hasta 2015. Luego, la intendencia pasó a manos de su hijo, Manuel Passaglia, quien gobernó San Nicolás hasta 2023. Y a partir de ese año, el sillón municipal quedó nuevamente dentro del mismo núcleo familiar: Santiago Passaglia, hermano de Manuel e hijo de Ismael, asumió como intendente y continúa actualmente al frente del Ejecutivo Municipal.
En términos políticos, el resultado es una continuidad que atraviesa tres nombres de una misma familia y más de una década de Gobierno local.
La discusión sobre las reelecciones, por lo tanto, abrió una pregunta que excede la eventual modificación de la legislación bonaerense: ¿hasta dónde puede extenderse la permanencia de un mismo grupo familiar en el poder cuando los cargos son formalmente sometidos a elecciones?
El límite que se discute para todos, pero incomoda en San Nicolás
El planteo adquiere especial relevancia porque Manuel Passaglia se manifestó a favor de establecer límites a las reelecciones, mientras que su propia familia lleva 15 años administrando el Municipio, aunque mediante la sucesión electoral de distintos integrantes.
Desde la mirada de Osaba, esa situación constituye una contradicción entre el discurso contra los privilegios de la política y una realidad local caracterizada por la permanencia de un mismo apellido en el poder.
La discusión también expone una particularidad del escenario político nicoleño: el passaglismo logró construir una estructura de poder que trascendió las gestiones individuales y se mantuvo vigente mediante la sucesión entre miembros de una misma familia.
No se trata, estrictamente, de una reelección indefinida de una misma persona. Ninguno de los tres Passaglia mencionados ocupó de manera consecutiva el cargo durante 15 años. Pero sí existe una continuidad política y familiar ininterrumpida desde 2011. Ese es, precisamente, el punto sobre el cual Osaba decidió poner el foco.
Mientras en la Legislatura bonaerense se discute si los intendentes deben tener un límite de mandatos y cuáles deberían ser las reglas para evitar la perpetuación en los cargos, San Nicolás aparece como un caso particular: una familia que lleva tres intendentes consecutivos y 15 años administrando la ciudad.
La discusión, así, dejó de ser solamente una disputa legislativa sobre las reelecciones. También se transformó en un cuestionamiento al modelo de construcción política del passaglismo y a una estructura de poder que, para sus críticos, confunde continuidad electoral con permanencia familiar.
Y la pregunta que queda planteada es incómoda: si el problema son los privilegios de la política, ¿también deberían revisarse las estructuras familiares que consiguen permanecer durante décadas al frente del poder local?



