Opinión

Madres que crían y litigan: cuando separarse no alcanza para recuperar la paz

Para muchas mujeres, la separación no pone fin al conflicto, sino que traslada la cuestión a los juzgados, donde alimentos, cuidado de los hijos, vivienda y patrimonio se convierten en nuevos frentes de disputa. Cuando los expedientes se multiplican y el desgaste termina empujándolas a resignar derechos, mirar la historia completa puede ser clave para detectar formas de violencia que persisten después de la ruptura

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Hay personas que se separan creyendo que, finalmente, terminó el conflicto. Pero para muchas mujeres, la separación no trae paz. La violencia simplemente cambia de escenario.

Mientras siguen criando, colegio, médicos, comidas, actividades, trabajo, cuentas, rutinas, comienzan también a transitar juzgados, audiencias, escritos y abogados con todo lo que eso conlleva.

Reclaman alimentos que sus hijos necesitan hoy. Se defienden frente a pedidos de cuidado personal. Discuten regímenes de comunicación. Enfrentan reclamos de canon locativo sobre la vivienda en la que viven sus propios hijos. Intentan liquidar una sociedad conyugal sin resignar, por agotamiento, aquello que legítimamente les corresponde.

Crían con una mano y se defienden con la otra.

Cuando el expediente también puede convertirse en escenario de la violencia

Recurrir a la Justicia es un derecho. Una demanda o un reclamo judicial no constituyen, por sí mismos, violencia. Pero hay situaciones en las que mirar cada expediente de manera aislada impide comprender lo que realmente está sucediendo.

Un incumplimiento detrás de otro. Una intimación detrás de otra. Una nueva demanda cuando parecía que algo finalmente estaba resuelto. La amenaza de “te voy a sacar a los chicos”. Una discusión permanente por dinero. La vivienda. Los bienes. Las vacaciones. Cada decisión vinculada a los hijos. El abandono a los hijos solo porque la mujer decide terminar la pareja… cuantas cosas sobre sus hombros. Y en el medio el dolor más grande, el de los niños.

No siempre se busca ganar un juicio. A veces alcanza con obligar al otro a seguir peleando.

Y entonces el proceso, que debería resolver el conflicto, puede terminar convirtiéndose en una forma de prolongarlo. Porque la búsqueda de conflicto es la manifestación de las cuestiones no resultas. ¿Pero qué tan responsables somos de arreglar eso cuando los hijos están en medio?

El desgaste también tiene un precio

Hay mujeres que después de años de litigio llegan a decir: “Ya no me importa. Quiero terminar.”

 Y esa frase debería preocuparnos.

 Porque el agotamiento puede hacer que una mujer acepte una división patrimonial injusta, abandone un reclamo o ceda derechos simplemente para recuperar su vida.

También ocurre con los alimentos. No debería ser necesario peregrinar por juzgados para conseguir que un padre aporte a las necesidades de sus hijos. Mientras la Justicia resuelve, los chicos siguen comiendo, creciendo y necesitando. Alguien cubre esa diferencia todos los días.

La vivienda donde viven los hijos no es solamente un inmueble

Una vivienda puede formar parte de un patrimonio y generar derechos económicos legítimos. Pero cuando allí continúan viviendo los hijos, no es solamente un activo.

 Es su habitación.

Su colegio cerca.

Sus amigos.

Su rutina.

Su lugar de pertenencia.

Por eso, cuando aparecen discusiones económicas relacionadas con el uso de esa vivienda, el análisis estrictamente patrimonial puede resultar insuficiente.

Importa el contexto.

Cuando detrás de una pretensión económica están viviendo los propios hijos del reclamante, el conflicto patrimonial no puede analizarse como si ellos no existieran.

Un expediente no cuenta toda la historia

Este es uno de los grandes desafíos del Derecho de Familia.

Los conflictos aparecen fragmentados.

En un expediente se discuten alimentos. En otro, cuidado personal. En otro, régimen de comunicación. En otro, vivienda. En otro, liquidación de bienes.

Cada causa tiene un número diferente.

Pero la mujer que se defiende en todos ellos es la misma, la que busca se cumplan los derechos de sus hijos también. Los hijos también son los mismos.

 Por eso, a veces, mirar cada expediente aisladamente impide comprender lo que está ocurriendo.

¿Cuántos procesos existen? ¿Cuánto llevan litigando? ¿Quién cumple espontáneamente y quién necesita ser intimado una y otra vez? ¿Cada resolución trae tranquilidad o inmediatamente aparece un nuevo frente?

Hay que mirar el patrón.

Porque detrás de cinco expedientes puede no haber cinco conflictos diferentes.

Puede haber un único conflicto que nunca se permitió terminar.

Mirar la historia completa

Tal vez el desafío también esté en empezar a cambiar la manera de mirar estos conflictos.

Desde la Justicia, entendiendo que una familia no puede quedar dividida en distintos expedientes que parecen contar historias diferentes. Acumular, conectar, mirar antecedentes y comprender el conflicto completo puede permitir detectar aquello que, observado de manera aislada, permanece invisible.

Pero también hay una responsabilidad que no depende de los Juzgados.

La de cada padre.

La de cada hombre que, después de una separación, debería poder preguntarse cuánto de aquello que está haciendo responde verdaderamente al bienestar de sus hijos y cuánto pertenece todavía al enojo con la mujer de la que se separó.

Dañar a la madre de tus hijos también puede ser una manera de dañar a tus hijos. Ellos perciben el conflicto, viven sus consecuencias y crecen en medio de una guerra que nunca eligieron.

Y finalmente están ellas.

 Las madres que están cansadas de reclamar. Las que sienten que cada escrito significa volver a empezar. Las que alguna vez pensaron: “No puedo más”.

 A ellas también hay que decirles que no bajen los brazos.

Cada vez existen más herramientas para reconocer estas formas de violencia y exigir respuestas. Y aunque cada reclamo implique tiempo, dinero y un enorme desgaste emocional, muchas veces detrás de esa lucha hay algo que trasciende a la propia madre: hay un derecho de sus hijos que necesita ser representado, protegido y defendido.

Reclamar alimentos no es mendigar.

 Defender la estabilidad de los hijos no es generar conflicto.

Exigir una división patrimonial justa no es querer quedarse con todo.

Y pedirle a la Justicia que observe una historia completa tampoco es judicializar por capricho.

Quizás recuperar la paz después de una separación lleve más tiempo del que debería. Pero la respuesta no puede ser resignarse.

Porque criar y litigar desgasta.

Pero defender los derechos de nuestros hijos también es una forma de cuidarlos. Y ninguna mujer debería tener que renunciar a sus propios derechos para conseguir, finalmente, vivir en paz.

 

Fuente: Por la Dra. María Laura Chouhy (del Estudio Jurídico Chouhy & Asoc., General Paz 963, Zárate, WhatsApp: 3489-350808 · Tel.: 3487-437694 Instagram: @estudio_chouhy · Facebook: estudiochouhy)

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