
El aire de San Nicolás se impregna este viernes 25 de septiembre de un perfume único: una mezcla de cera de velas derretidas, cansancio acumulado y una emoción tan profunda que estalla en cada abrazo. A 43 años de la primera manifestación de la Virgen del Rosario, la ciudad se transformó una vez más en el refugio sagrado de miles de almas que llegaron buscando consuelo, o simplemente, para decir gracias.
Desde las primeras horas de la madrugada, historias de sacrificio y amor puro caminan por las calles hacia el Campito.
La vigilia nocturna fue un bálsamo de luz en medio de la oscuridad. Cientos de antorchas guiadas por monseñor Hugo Santiago iluminaron el camino desde la Catedral, mientras la multitud entonaba cantos que erizaban la piel. A la medianoche, cuando el cielo se abrió con el saludo tradicional a María, el silencio de la espera se transformó en un estruendo de aplausos y pañuelos al viento.
La celebración continúa con una marea humana que desborda las criptas y las misas sucesivas, donde relatos de sanación y esperanza se multiplican en voz baja entre los bancos de madera.
Los festejos y las muestras de devoción popular seguirán latentes durante todo el fin de semana, convirtiendo a San Nicolás en el corazón espiritual de un país que, entre dificultades, nunca termina de perder la esperanza.




