Opinión

Nos sentíamos protegidos por vos, Leo

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Por Ignacio Arámburu
Director de GOLAZO

Ahora que te vas, recién entendemos cuánto nos protegía tenerte.

Desde que te pusiste por primera vez la celeste y blanca, fuiste eso: el factor de ilusión. La certeza de que algo podía pasar. Que en algún momento la pelota iba a caer en tus pies y todo podía cambiar.

Pero antes de los goles, las finales y las copas, hubo una elección.

Vos elegiste Argentina cuando Argentina todavía no podía darte demasiado. Cuando eras apenas un chico que tuvo que irse a Barcelona porque acá no podían afrontar el tratamiento que necesitabas. Y aun creciendo en La Masía, nunca dudaste de dónde querías jugar.

Elegiste la camiseta.

Después llegaron los años más crueles. Los que te exigían ser campeón del mundo como si todo lo demás no existiera. Los que te destrozaban después de cada derrota. Los despiadados que confundían una final perdida con falta de amor.

Y vos seguiste volviendo.

Una vez. Y otra. Y otra.

Volviste cuando no había garantías. Cuando te cuestionaban. Cuando la herida todavía estaba abierta. Porque nunca jugaste para que te agradeciéramos. Jugaste porque la camiseta argentina era tu sueño, tu orgullo y tu vida.

Anoche estaba Celia. Estaban tu esposa y tus hijos. Estaba tu familia. Y también estaba aquel chico de Rosario que un día se fue a Barcelona buscando el tratamiento que necesitaba y que, desde entonces, nunca dejó de volver cuando la Selección lo llamó.

Por eso duele tanto.

Durante más de veinte años nos acostumbraste a saber que estaba el 10. A creer que todavía quedaba una esperanza. A sentirnos protegidos.

Ahora habrá que aprender a mirar de otra manera.

Nos dejaste un Mundial, dos Copas América y una historia imposible de borrar. Pero quizás tu grandeza más profunda no esté en todo lo que ganaste.

Está en todo lo que elegiste.

Y hubo una elección que hiciste toda tu vida:

Argentina.

Gracias, Leo.

Nos hiciste creer cuando era más fácil dejar de hacerlo.

Y ahora que te vas, aunque la Selección seguirá caminando, vamos a sentirnos un poquito más desprotegidos.

Porque durante mucho tiempo, tenerte era también tener una esperanza.

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