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El dolor de ya no ser, no: ¡La alegría de haber sido!

Por Ignacio Arámburu.

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Hay finales que invitan a mirar hacia atrás con tristeza. Y hay historias que merecen ser recordadas con una sonrisa, con orgullo y con la satisfacción de haber sido protagonistas de algo extraordinario.

La disolución de San Nicolás Rugby marca el final de una experiencia que comenzó en 2019 y que, durante siete años, consiguió algo que no suele ser sencillo en el deporte: que el rugby de San Nicolás estuviera por encima de los escudos.

Regatas y Belgrano dejaron de lado sus camisetas, sus rivalidades históricas y sus identidades particulares para abrazar un proyecto común. No fue simplemente una fusión de clubes. Fue una decisión dirigencial que se animó a romper con lo establecido, que entendió que había un objetivo superior y que encontró en la unión el camino para darle al rugby de la ciudad una dimensión diferente.

Y eso merece ser reconocido.

Detrás de aquella decisión hubo dirigentes que trabajaron, insistieron, discutieron, convencieron y sostuvieron una idea cuando todavía no era sencillo imaginar hasta dónde podía llegar. Entre ellos, un nombre merece un recuerdo especial: Pacha Cerella.

Uno de aquellos pioneros que tanto luchó por la fusión, que creyó en ella cuando había que tener convicciones para hacerlo y que hoy, desde el cielo, seguramente seguirá acompañando una historia de la que fue parte fundamental. Su legado no se mide solamente por lo que ayudó a construir, sino también por la huella que dejó en quienes compartieron aquel camino.

También están los jugadores. Los que se pusieron una camiseta que representaba mucho más que a sus clubes de origen. Los entrenadores que tuvieron que amalgamar distintas formas de trabajar, distintas pertenencias y distintas maneras de entender el juego. Los dirigentes que aprendieron a convivir con las diferencias, a encontrar consensos y a empujar para el mismo lado.

Porque no todo habrá sido sencillo. Seguramente hubo discusiones, desencuentros, intereses diferentes y momentos en los que sostener el proyecto exigió un esfuerzo extra. Pero justamente allí estuvo uno de los grandes méritos de San Nicolás Rugby: demostrar que se podía convivir sin pensar todos de la misma manera.

Durante siete temporadas, el rugby nicoleño tuvo una identidad que trascendió los límites de cada institución. Una experiencia que fue ejemplo a nivel nacional y que permitió escribir páginas que, de otra manera, quizás nunca se hubieran escrito.

Hoy las relaciones se desgastan, los ciclos se cumplen y los proyectos se bifurcan. Regatas y Belgrano decidieron volver a recorrer caminos diferentes. Es una nueva realidad que habrá que aceptar, respetando las razones y las decisiones de cada institución.

Pero que nadie confunda el final con el fracaso.

No se puede medir una historia solamente por la manera en que termina. También hay que medirla por todo lo que fue capaz de generar mientras estuvo viva. Y San Nicolás Rugby generó pertenencia, experiencias, amistades, crecimiento deportivo y una identidad colectiva que durante siete años estuvo por encima de cualquier escudo.

Los escudos volverán a ocupar el lugar de siempre. Las camisetas recuperarán sus colores y cada institución seguirá escribiendo su propia historia.

Pero habrá algo que ya nadie podrá separar: todo lo que se construyó entre 2019 y 2026.

No hay comunicado, decisión dirigencial ni final de proyecto que pueda borrar esos siete años. Tampoco hay despedida que alcance para quitarle valor a lo vivido.

Por eso, frente a quienes solamente ven lo que se termina, prefiero detenerme en todo lo que sucedió.

Porque no siempre hay que lamentarse por lo que deja de ser. A veces también hay que celebrar lo que alguna vez fuimos capaces de ser.

El dolor de ya no ser, no. ¡La alegría de haber sido!

 

Foto: Prensa @charogacluboficial

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