
Bernardita Rimoldi es artista de la expresión corporal, docente y gestora de múltiples actividades artísticas —y no tanto— con el fin de sostenerse en un contexto donde, según afirma, “hoy en día es difícil poder vivir del arte”. Su recorrido también incluyó un paso por la carrera de Comunicación Social, lo que potenció su gusto por la escritura y su compromiso con la militancia feminista, que ejerce desde un enfoque profundamente empático.
“La militancia dentro del arte la encuentro de un modo orgánico y muy cómodo a comparación de como existe en otros lugares. Pasé por distintos espacios de militancia y en el arte encontré ese lugar donde no tengo la necesidad de convencer y puedo poner toda mi energía en algo mucho más importante como lo es generar empatía ante las diferentes cosas que vamos atravesando”, expresa.
El arte también le llega desde el disfrute. “Como consumidora trato de abarcar la mayor cantidad de géneros posibles: voy al teatro, veo bandas, asisto a muestras de danza y artes visuales. Lo más maravilloso de eso son las infinitas muestras de que otro mundo es posible, y eso también tiene que ver con la militancia”, dice.
En la expresión corporal encontró un refugio personal y, más tarde, una pasión que la llevó a enseñar: “Lo primero que encuentro es la conexión conmigo. La expresión corporal es el presente, lo real, lo que nos pasa. En una época acelerada, poder estar con vos y tu cuerpo en un instante determinado del día es el cable a tierra que tengo en mi vida, y recomiendo que todos lo tengan”.
Su camino dentro del arte comenzó con una fuerte inclinación intelectual. “Al principio mis pasiones estaban muy relacionadas a la lectura. En un momento decidí buscar nuevas formas, artísticas o no, que llenaran ese espacio, y así llegué a la expresión corporal. Hoy también doy clases a personas mayores, y de a poco la docencia se está marcando como una pasión que espero que siga por mucho tiempo”.
Desde su mirada, el arte es una fuente inagotable de aprendizaje. “La expresión es vitalidad y surge de una necesidad. Ya sea como artista, docente o consumidora, la ‘magia’ ocurre en el compartir, en observar todos los puntos de vista, en cómo cada uno procesa las emociones. Eso lleva a un aprendizaje infinito”.
Bernardita también reconoce el valor de la expresión corporal en otros ámbitos, como la educación formal. “Hoy en día se empieza a incorporar en algunas escuelas, ya sea dentro del horario o como actividad extra. Se puede trabajar, por ejemplo, con la Educación Sexual Integral (ESI), desde el reconocimiento del propio cuerpo, el respeto por el otro, la aceptación de lo que sos. Antes, lo artístico estaba más asociado al teatro o la danza; ahora de a poco se abre un nuevo espacio que pretende mejorar lo emocional y lo mental”.
Y concluye con una imagen potente: “El simple hecho de llegar a un aula, correr los bancos y hacer volar la imaginación mediante lo que expresa tu cuerpo es un inicio maravilloso para un proyecto artístico que quizás en el futuro se transforme en una obra. La sensibilidad que fui adquiriendo con los años me dio la necesidad de compartir lo que absorbí, transformándolo en un aprendizaje. Todo surge desde el cuerpo. Por suerte, estoy ahí para darle forma a lo que ocurre”.



