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Dos veteranos jugaron como si el tiempo no pasara

Nicolás Ferreyra y Omar Cantón fueron dos de las grandes figuras de un Regatas que llegó hasta la final por el ascenso a la Liga Argentina. A los 41 y 43 años, respectivamente, sostuvieron al equipo de Pablo Dastugue con jerarquía, experiencia y una enorme vigencia deportiva

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Hay jugadores que atraviesan una carrera. Y hay otros que consiguen desafiar al tiempo.

Nicolás “Cachorro” Ferreyra, a los 41 años, volvió a jugar en la ciudad con la camiseta de Regatas y lo hizo como capitán y líder. Manejó los tiempos, ordenó al equipo y aportó esa inteligencia que solamente entregan los años de cancha.

Fue campeón y figura en el Provincial y luego tuvo un destacado paso por la Liga Federal: 12,5 puntos, 2,3 asistencias y 11,3 de valoración en 29,7 minutos durante 28 partidos.

A su lado estuvo Omar Cantón, que a los 43 años regresó a La Ribera después de 16 temporadas. Sus 2,08 metros volvieron a ser protagonistas bajo los tableros y su experiencia resultó determinante.

Convencido por su amigo y entrenador Pablo Dastugue, Cantón hizo un esfuerzo enorme durante toda la temporada: viajaba diariamente desde Rosario para entrenar y jugar. Terminó como el jugador de mayor valoración del equipo, con 14,8, además de promediar 14 puntos y 6,4 rebotes, con un notable 37,7% en triples.

Pero hubo algo que los números no pueden explicar.

En las series de playoffs, algunas definidas en tres partidos y con dos noches consecutivas, los dos veteranos estuvieron siempre. Cuando las piernas pedían descanso, apareció la experiencia. Cuando el partido exigía carácter, apareció la jerarquía.

Y en la definición ante River quedó otra muestra. Cantón salió a jugar con un desgarro y, aun limitado físicamente, fue importante para el equipo. Ferreyra, como durante toda la campaña, volvió a ponerse al frente.

Juntos fueron parte fundamental de un Regatas que, contra varios pronósticos, atravesó series durísimas y llegó hasta la final por el ascenso a la Liga Argentina.

Con sus familias en las tribunas, Ferreyra y Cantón protagonizaron una demostración de vigencia que excede los números.

A los 41 y 43 años, siguieron compitiendo al máximo nivel, viajando, entrenando, jugando y empujando a un equipo hasta el último partido.

El tiempo pasó. Ellos también. Pero todavía tienen mucho básquet para dar.

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