Sociedad

La ciudad de las veredas de las múltiples obras

Ante la mirada desconcertada de los vecinos, operarios trabajaron en la destrucción –y construcción– del espacio de arbolado céntrico

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Las mañanas nicoleñas adquirieron una fisonomía distinta. Durante la semana, un grupo de operarios inició tareas sobre el sector de arbolado en el centro de la ciudad.

Los trabajos se realizaron a bordo de una minicargadora equipada con martillo hidráulico. El ruido ensordecedor y los cortes al tránsito vehicular generaron malestar entre los vecinos de las calles De la Nación, Mitre y Sarmiento.

En diálogo con Cosa Cierta, un comerciante de calle Sarmiento, que solicitó mantener su identidad en reserva, expresó su descontento por la situación. A la disminución en la circulación de personas por la interrupción del tránsito, se sumaron el ruido constante, la vibración de los vidrios y la contaminación sonora que alteraron las condiciones habituales del entorno.

Los transeúntes caminaron por las veredas esquivando pozos, escombros y baldosas sueltas. Otros se detuvieron, sorprendidos, sin comprender por qué ese espacio público había sido intervenido en reiteradas oportunidades.

Cabe recordar que las obras de remodelación del centro comenzaron en 2022 e incluyeron ensanche de veredas, desagües pluviales, recambio de cañerías de agua, instalación de nuevas baldosas, iluminación LED y colocación de faroles.

Sobre ese período, vecinos recordaron los inconvenientes que provocaron las calles cerradas y cómo eso perjudicó las ventas en los comercios. “No podíamos acceder a las cocheras y el ruido era constante”, señaló Ángel G.

Contaminación sonora, un problema creciente en la ciudad

Según la Real Academia Española, la contaminación sonora o acústica es la “presencia en el ambiente de ruidos o vibraciones que implican molestia, riesgo o daño para las personas, para el desarrollo de sus actividades o para los bienes, o que causan efectos significativos sobre el medioambiente”.

Al uso indiscriminado de bocinas y escapes libres, se sumaron las obras en las calles céntricas. Los ruidos prolongados afectaron la salud mental de los vecinos al provocar estrés, ansiedad e irritabilidad. La contaminación sonora impacta no solo en el oído, sino también en la calidad del sueño, la concentración y el bienestar general.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) advirtió que cuando los niveles de ruido superan los 55 decibeles durante el día, las personas comienzan a experimentar molestias. En exposiciones prolongadas a niveles mayores a 75 decibeles, aumenta significativamente el riesgo de daño auditivo.

Los niños resultan especialmente vulnerables. El exceso de ruido afecta su capacidad de concentración y aprendizaje. Diversos estudios demostraron que entornos ruidosos reducen el rendimiento académico y generan fatiga mental sostenida.

Las mascotas tampoco son ajenas a este fenómeno. Con una capacidad auditiva más aguda que la humana, sufren ansiedad ante sonidos intensos. Según estudios, el 45 % de las mascotas experimentan algún tipo de fobia a los ruidos, lo que incide directamente en su conducta y bienestar. Esto pone en evidencia que la contaminación sonora no solo afecta a las personas, sino también a los animales que conviven en entornos urbanos.

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