
Hay una pregunta que la gestión municipal debe responder con suma urgencia: ¿qué está haciendo para proteger a los vecinos frente a un escenario climático que exige planificación y capacidad de respuesta?
Cuando las lluvias descargan en pocos minutos una cantidad extraordinaria de agua, las calles se convierten en ríos y las viviendas quedan anegadas, ya no alcanza con explicar lo ocurrido. Hay que saber qué se hizo para prevenirlo y cómo se actuará ante una emergencia.
Las últimas precipitaciones volvieron a exponer a los distintos barrios. Cuando caen más de 90 milímetros en menos de una hora, se pone a prueba la infraestructura urbana, el mantenimiento de los desagües, la planificación hidráulica y la capacidad estatal para asistir a los damnificados.
El problema no es que llueva, sino que, frente a riesgos conocidos y recurrentes, la prevención no parece ocupar el lugar prioritario que debería tener.
El fenómeno de El Niño obliga a prestar atención a las previsiones de lluvias y a la posibilidad de episodios extremos. No significa que cada tormenta provocará inundaciones ni permite anticipar exactamente dónde ocurrirán. Precisamente por esa incertidumbre, el Municipio debe prepararse: limpiar desagües, identificar puntos críticos, revisar conductos, mantener la infraestructura, establecer protocolos de evacuación y organizar la asistencia. No son medidas extraordinarias, sino obligaciones elementales de cualquier gobierno.
También resulta fundamental contar con un sistema de alerta temprana que advierta a la población, comunique los riesgos y permita coordinar una respuesta antes de que el agua ingrese en las viviendas. ¿Dispone San Nicolás de un mecanismo municipal integral, conocido por los vecinos y capaz de activar acciones concretas? Si existe, debe informar cómo funciona. Si no, su ausencia constituye una deuda difícil de justificar.
El Paraná también merece seguimiento. Su crecida no debe confundirse con las inundaciones urbanas provocadas por lluvias intensas: son fenómenos diferentes, aunque ambos requieren prevención y planificación.
Aquí aparece la cuestión política. Una gestión que reivindica la eficiencia y la modernización no puede limitarse a exhibir obras mientras persisten interrogantes sobre el mantenimiento de la infraestructura básica y la preparación ante contingencias. La prevención quizá no produzca fotografías atractivas, pero puede evitar que una familia pierda sus pertenencias y la tranquilidad de su hogar.
Tampoco alcanza con que los vecinos levanten sus muebles, intenten destapar desagües y esperen que el agua baje. La solidaridad comunitaria no puede reemplazar las responsabilidades del Estado.
El intendente Santiago Passaglia debe explicar qué medidas preventivas están en marcha, qué recursos se destinan al mantenimiento, cuáles son los sectores más vulnerables y cómo se actuará si las lluvias superan la capacidad de drenaje. También debe informar qué protocolo de emergencia existe y cómo recibirán asistencia las familias afectadas.
No se le exige al Municipio que controle el clima, sino que gobierne frente a sus consecuencias previsibles. Esperar a que ocurra lo peor para reaccionar no es una estrategia: es renunciar a la prevención.
San Nicolás necesita obras, mantenimiento, información pública y un sistema de alerta que funcione antes de que el agua llegue a las puertas. Gobernar también significa anticiparse a aquello que no se puede evitar por completo. De lo contrario, la protección de miles de familias termina dependiendo del azar.
Y una ciudad no puede vivir así: esperando que deje de llover, que los desagües aguanten y que Dios se acuerde de sus vecinos.
El intendente eligió llamar “zapallos” a quienes cuestionaron la falta de respuesta municipal durante el temporal de la semana pasado. Pero los insultos no destapan desagües, las burlas no evitan inundaciones y las chicanas no sacan el agua de las casas.
Mientras Santiago Passaglia paseaba por Neuquén, en San Nicolás había vecinos arreglándosela solos y como podían. Tal vez el intendente debería revisar su huerta antes de repartir calificativos: porque, cuando el clima anuncia riesgos, la prevención brilla por su ausencia y la respuesta nunca llega, el problema no parece estar entre quienes reclaman, sino en quien confunde gobernar con burlarse de ellos.
Los nicoleños que piden un Municipio presente podrán ser “zapallos”, según Passaglia, pero una ciudad a merced de la lluvia, la improvisación y la falta de respuestas necesita algo más que un intendente con lengua filosa: necesita uno que no haga papel de nabo cuando más falta hace la gestión.



