
En Lourdes Artaza, la primera sensación es que el arte atraviesa toda su existencia y la encuentra en todas partes. Sus inicios en las expresiones producidas por el alma estuvieron vinculados a la danza, principalmente al folclore, género que conoció luego de acompañar a su hermana a una clase. A su vez, con el correr de los años, se despertó en ella un deseo firme e incontrolable de ser docente: quería enseñar a toda costa, sin importar qué. Una vez finalizada la secundaria, la Escuela de Arte de la ciudad le presentó la combinación perfecta mediante la carrera del Profesorado de Danza. Allí encontró no solo conocimientos y práctica sobre folclore, sino también una experiencia infinita que abarca los más variados géneros musicales y danzas.
La creatividad, la destreza, el profesionalismo y, sobre todo, el sentimiento la impulsaron a buscar la mejor manera de desarrollar su potencial, teniendo en cuenta la originalidad, la paciencia y el buen trato para transmitir lo aprendido.
Hoy, con tan solo 23 años, disfruta de su presente enseñando aquello que la apasiona. Además, es la directora coreográfica de Drácula, el musical de Déjalo Ser que se estrenó el sabado pasado en el Teatro San Nicolás. Se trata del desafío más importante de su recorrido hasta el momento, una experiencia que transita con incertidumbre y emoción en partes iguales.
Las elecciones y los géneros: “La danza llegó a mi desde muy chica principalmente a través del folclore, es lo primero que aprendí. Pasados los años, al ingresar al profesorado de danza, descubrí el mundo mágico, maravilloso e infinito que el baile me brinda al punto tal de dejar el amor por la danza para convertirse en la pasión por el movimiento, ver ese estado en el cual los cuerpos se mueven sin importar el ritmo o género musical es lo que me hace cada día intentar aprender más”.
Lo innato la relación de la vida con la danza: “Bailar, cantar, actuar y enseñar son diferentes acciones en donde una sobresale por encima de las otras. La relación que ocurre entre el movimiento y el escenario es mi verdadera identidad, donde puedo ser realmente yo. Cantar, interpretar y enseñar generalmente suceden en función de un objetivo en particular, en cambio en la danza encuentro mi razón, mi espejo y definitivamente lo que soy”.
La elección apasionante de enseñar: “Poder compartir lo que me apasiona es algo inexplicable, trato de que dure el mayor tiempo posible, la docencia es cambiante de acuerdo al ambiente en donde estás y a su vez uno continua capacitándose para ser una mejor docente, mostrarle a otras personas la enorme cantidad de posibilidades que tenés con la danza o tratar de hacer sentir el arte que amas en otro son objetivos que busco alcanzar en todo momento, soy joven todavía y estoy muy contenta con mi presente por más de que a veces sea demasiado caótico”.
El cambio en su formación docente: “Al principio fui la profesora que fueron conmigo, con el paso de tiempo me descontruí y cree una profesora para cada clase, grupo o alumno. La formación pedagógica te cambia la visión completamente de como hacer las cosas y en ese espacio trato de ser un sostén en cual quien toma la clase se sienta con comodidad, respeto, cordialidad y sobre todo tenga una calidad humana y artística a la hora de aprender”.
El desafío llamado “Drácula”: “Para mi ‘Déjalo ser’ es un espacio artístico muy grande, cuando me llegó la propuesta de ser la directora de coreografía inmediatamente lo tomé como un juego, no por la palabra en sí de divertirme y lo que conlleva sino por el hecho de que si no lo tomaba así podía llegar a volverme completamente loca. En el rol que desempeño estuvieron personas muy grosas respecto al movimiento y que llegara esta oportunidad me llevó a pensar si realmente estoy preparada para esto, asumí la responsabilidad y busco aportar lo necesario para que la producción brille como se merece”.
El orgullo de la elección: “Tuve desafíos, pérdidas, desencuentros y muchos golpes en estos 23 años que llevo de vida, pero siento el orgullo de poder vivir de lo que amo, ver como esa elección por la danza que tuve en su momento hizo que me convierta en la persona que soy hoy en día, es algo que no todas las personas pueden tener. Agradezco a la danza por acompañar en cada paso que di y a mí por no rendirme en ser esa persona que deseo ser”.
La ansiedad corresponde al exceso de futuro, de saber que novedad llega al camino o que cambio puede ocasionar oportunidades totalmente impensadas, en ese limbo emocional se encuentra Luli, con la sonrisa y la pasión como bandera ante todo lo nuevo por descubrir, el gen artista más que agradecido de cara a los desafíos inesperados, no por el simple hecho del pensamiento crítico y artístico sino por saber que la calidad humana se destaca por encima de todo lo demás ya sea como docente o arriba del escenario.



