Historias

Lucía Farías: el alma independiente detrás de la arquitectura

En diálogo con Cosa Cierta, la arquitecta repasó su camino profesional y contó cómo encontró su espacio ideal en el mundo laboral, dentro de una marca en constante crecimiento

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San Nicolás se encuentra en un constante cambio urbanístico, en el que abundan la diversidad de ideas y las innumerables variables para poder concretar un objetivo. Asumiendo que las cosas pueden salir mal y que no hay que lamentarse si aparece la necesidad de empezar nuevamente, Lucía Farías desarrolla su profesión y su don de gente con el propósito de satisfacer las necesidades de cada cliente en materia de diseño, dirección y construcción.

La arquitecta, que siempre encontró un punto en el cual sostenerse o creer, ideó junto a otra profesional que hoy en día es su complemento, un espacio donde la libertad y la independencia son los pilares: Felipa, una marca que continúa ganando lugar en la comunidad y de la que surgen cada vez más proyectos.

El próximo paso será contar con un espacio más amplio, aunque sin perder la esencia que nació en tiempos en que el encierro y la soledad apremiaban, pero las ideas y las ganas pudieron más. Madre de Lucio y Clara, con un vínculo estable con la religión, vive expectante ante las sorpresas que el mundo pueda ofrecerle en cada aspecto de la vida.

Contame tu vida como si fuese un currículum.

Terminé la secundaria en 2003 y ahí me fui a Rosario a estudiar Arquitectura. Desde chica sabía que iba a ser eso; me gustaba hacer casas, dibujar y todo eso. Mis padres nos dieron la posibilidad de estudiar a mi hermana y a mí. Yo hice la carrera de Arquitectura y ella la de Medicina.

¿El inicio en el ámbito laboral?

Empecé formando parte del estudio de un amigo que es ingeniero civil. Ahí tuve mis primeros clientes y la mayoría los conseguí con el famoso boca a boca, debido a que frecuentaba diferentes espacios en la comunidad. También el armado de las casas del Plan Procrear me sirvió para consolidarme como profesional por aquel entonces. Siempre trabajé sola, pero acompañada de otros profesionales.

¿Cómo es tu llegada a “Felipa”?

El día que se decretó la cuarentena general y obligatoria fui mamá, así que estuve con ese oficio —el de ser mamá— a full time durante todo 2020. Ya para 2021 conozco a Giuliana Serfelippe. Ella estaba con unos proyectos en los cuales necesitaba la dirección de obra —una de las partes más difíciles de nuestro trabajo— y no sabía para dónde apuntar. Le dije que contaba conmigo para lo que necesitara, intercambiamos mails y ahí comenzó todo.

El proyecto en el cual tenía que hacer la dirección de obra no se dio, pero a mí me salió hacer todo el diseño de un bar céntrico de la ciudad y se podría decir que ese fue nuestro primer trabajo juntas, aunque todavía no como “Felipa”. Eso llegó al poco tiempo por medio de diferentes negocios y empresas de la ciudad.

¿Cómo lográs manejar tu tiempo?

A veces siento que el tiempo me maneja a mí. Ser mamá y ser totalmente independiente desde todos los aspectos hace que no pares un segundo. Puedo pasar horas trabajando sin que me moleste, incluso trabajar fuera de horario, que también es muy habitual en nuestra profesión.

Además, en mi vida personal suelo ser bastante inquieta. Siempre tengo algo para hacer: salidas con amigas, acompañar en las actividades a mis hijos, los Encuentros de Paz, que son una especie de retiro espiritual en el cual tratás de encontrar tu armonía. Hice miles de actividades relacionadas a lo físico y lo artístico, pero por cuestiones fui dejando la mayoría. La única que sigue conmigo desde hace bastante tiempo es el crossfit.

¿Cambiarías tu independencia laboral por un mejor pasar económico?

Hoy estoy bien como estoy y, si algo aprendí de la profesión, es que poder manejar tu tiempo sin depender de nadie no tiene precio. Creo que el mundo laboral va para ese lado. Hoy los jóvenes no están buscando el trabajo de ocho horas diarias en una oficina, con condiciones bastante cuestionables; buscan ser felices haciendo lo que les gusta, tratando de encontrar la forma de poder capitalizar ese hacer.

Desde ya que cada persona es un mundo y no se conocen los motivos o necesidades que cada uno está pasando, pero es admirable ver cómo en la actualidad las personas van por aquello que los hace felices.

¿Qué representa “Felipa”?

Para mí es un sueño cumplido. Cuando me recibí, al principio quería establecerme en Rosario. Después me di cuenta de que dicha ciudad estaba totalmente saturada y las oportunidades no iban a llegar. En San Nicolás siempre hubo otros profesionales que me ayudaron a formar mi espacio. Si bien siempre trabajé sola, tuvieron la posibilidad de darme una mano y así lo hicieron.

En “Felipa” no solo encontré el espacio donde puedo hacer lo que quiero, sino también personas que, con diferencias y similitudes, me acompañan a cumplir mis objetivos como yo los de ellas. Es muy gratificante saber que con una mirada o una sola palabra ya saben por lo que estás pasando y viceversa. La independencia no la cambio por nada; la conexión, tampoco.

¿Qué lugar ocupa la religión en tu día a día?

Ocupa un lugar súper importante. Existe una comunidad en la ciudad que se llama Encuentro de Paz, donde durante un período de tiempo se realizan retiros en busca de eso: de encontrar paz. Un familiar me invitó y me llevó a realizarlo, y ahí fue realmente la primera vez que encontré paz. Años más tarde lo volví a hacer y, cuando encuentro la posibilidad de comentárselo a alguien o convencerlo de que lo haga, lo hago.

En la vida se caen proyectos, tenés malas experiencias laborales, apostás a formar una familia y no sucede. Te cuestionás un montón de situaciones de tu vida y quizás no tenés una brújula o un sostén donde estar posicionado. Para mí, Encuentro de Paz en parte me ayudó a construir el espacio donde sostenerme. Obviamente, también existe la parte de sanación mental y por supuesto que hago terapia, pero creo que el sostén desde donde nace el resto de las cosas fue haber encontrado paz ante todas las complicaciones que trae vivir y ser independiente.

El futuro es más que prometedor; mejor dicho, una realidad que no ve la hora de comenzar a vivir. El equipo ideal, en un espacio deseado, busca nuevas oportunidades que ayuden a los demás a estar en el lugar que deseen, ya sea para cumplir sus objetivos o habitar ese espacio que será el descanso para luchar por todo lo demás. Lucía, desde su proactividad, energía e independencia, hará lo mejor posible para que suceda a través de Felipa, su sueño hecho realidad.

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