Sociedad

Luciano Dotti: la historia detrás de la tinta y su representación

Tatuador con casi 25 años de trayectoria, Luciano Dotti repasa su camino entre la gráfica, el arte y la piel. Su mirada va más allá de la estética: entiende el tatuaje como una forma de vida

banner-noticia
banner-noticia

Luciano Dotti es padre, esposo, diseñador gráfico, tatuador, músico, viajero por momentos y apasionado por las motos y la actividad física en sus ratos libres. Tiene una idea clara sobre su profesión y una forma de pensar que trasciende críticas o estereotipos. Lleva casi 25 años en el mundo del tatuaje y ha recorrido ciudades como Madrid, Barcelona y Ciudad de México haciendo lo que más le gusta.

Su historia comienza desde otro lugar:
“Primeramente soy diseñador gráfico. Siempre me gustó el dibujo y quería ser eso. Trabajé como diseñador en relación de dependencia y, a su vez, había vuelto al dibujo con otra perspectiva, lo cual hizo que me interesara mucho en los tatuajes. En un momento llegó la necesidad de tomar una decisión: seguir con el trabajo que tenía o empezar a dedicarme de lleno a los tatuajes. Y tomé esta última opción”.

Cuando se le pregunta qué tienen de especial los tatuajes, lo explica con profundidad:
“Los tatuajes son etapas de la vida. No son solamente una representación de algo o alguien que querés o necesitás recordar. Marcan un momento determinado de lo que vivís: cumpliste un objetivo, querés fortalecer una unión con otra persona, un recuerdo de despedida… cerrar o abrir etapas de tu vida lo podés hacer mediante un tatuaje, y a eso lo veo como un claro estilo de vida. Desde mi mirada, primero valoro lo estético y después la historia que trae, el significado que conlleva. No necesariamente los dibujos tienen que ser claros y precisos. La forma en que algo de tu vida representa el dibujo que te tatuás tiene infinitas posibilidades”.

Sobre su etapa inicial y la parte estética, reflexiona:
“Durante mi primera etapa como tatuador, lo que más realizaba eran arreglos y coberturas, aunque lo que más me gusta es empezar un dibujo desde cero. Pero la situación se fue dando así. De todas formas, tengo una filosofía respecto a esto: si te hiciste un tatuaje, fue por algo, y por más que te lo tapes, vas a seguir sabiendo que está ahí abajo. Los tatuajes, como las personas, envejecen, cambian su forma, pierden color, y eso encierra el paso del tiempo, las etapas que viviste”.

Consultado sobre las diferencias entre sus comienzos y la actualidad, destaca el cambio profundo que vivió la actividad:
“Las diferencias son abismales. El inicio fue muy precario, había poca información. Comprábamos revistas de tatuajes de Europa —de España, más que nada— donde los diseños ya estaban desactualizados. También el uso de las máquinas, las agujas… había que soldar las que ibas a utilizar y eso llevaba un montón de tiempo. Se renegaba para conseguir las tintas. Hoy, con la globalización, podés ver lo que pasa en otro lado del mundo en un segundo. Conseguís los insumos enseguida. Incluso hay personas que aprenden mirando tutoriales, o usando máquinas ya actualizadas.
Antes, para aprender, tenías que conocer a alguien, generar vínculo, ir a verlo tatuar, tratando de no molestar, en un clima totalmente hermético y a veces difícil. Donde más aprendí fue yendo a convenciones: convención que había, convención que iba. Desde la visión del espectador trataba de observar todo. Me quedaba horas mirando cómo tatuaban. Cada vez que podía, preguntaba algo y lo iba practicando. Hoy en día es todo mucho más fácil”
.

Respecto a los prejuicios y estigmas, Dotti sostiene que si bien aún persisten, el panorama es distinto:
“La gente tiene derecho a opinar, y generalmente siempre existe un prejuicio en todo. En mi caso lo padecí muchas veces, pero nunca influyó en mi forma de ser ni de tomar las cosas. Ir caminando por la calle todo tatuado y que alguien te diga algo era normal. Hoy no lo es tanto, pero todavía hay miradas que creen que pertenecemos al infierno o algo así. Es totalmente cómico”.

Cuando se le pregunta si se considera un artista, lo piensa un momento y responde:
“Es una pregunta difícil. Me considero artista del tatuaje. Ahí es donde me siento cómodo. Le pongo mi impronta a lo que ya viene hecho o a lo nuevo por hacer, y en ese espacio desarrollo la creatividad que tiene un artista”.“Respiro los tatuajes las 24 horas del día, los tatuajes, más allá de una representación, son un estilo de vida”, concluye.

Cada rama del arte tiene su espacio único, donde más allá de lo innato o del talento que se adquiere en el camino, hay que construir una identidad. En ese universo se mueve Lucho, buscando que las representaciones de momentos o etapas de vida en la piel tengan un significado eterno, más allá del paso del tiempo y bajo una estética donde solo los artistas saben llegar.

banner-noticia

Artículos Relacionados

Volver al botón superior
×