El reloj marcó las 05:00 de este miércoles 22 de abril y, con ello, el punto culminante de un evento que une la historia milenaria con el presente de San Nicolás. Las Líridas, esas pequeñas partículas de polvo del cometa Thatcher que viajan a 48 kilómetros por segundo, terminaron su despliegue principal sobre nuestra región. Para quienes se alejaron del resplandor de las luces LED de la zona céntrica y buscaron la oscuridad de los campos cercanos, la recompensa fue un espectáculo de trazos luminosos que, en varios casos, dejaron estelas persistentes en el aire frío.
El análisis técnico de lo ocurrido permite destacar que el comportamiento de la lluvia fue fiel a su reputación de “caprichosa”. Si bien el promedio se mantuvo en los 18 meteoros por hora, se pudo haber observado la aparición de “bolas de fuego”, meteoros excepcionalmente brillantes que logran vencer incluso la interferencia de la Luna en cuarto menguante. Este fenómeno se produce por el tamaño ligeramente mayor de algunos fragmentos del cometa, que al desintegrarse generan un fogonazo visible por varios segundos.
Lo que hace especial este balance es la perspectiva histórica: lo que se observó corresponde a restos de un cuerpo celeste que no volverá a pasar cerca de la Tierra hasta el año 2276. Para la comunidad local, estos eventos representan una pausa dentro de la rutina urbana, permitiendo una conexión directa con procesos astronómicos que ocurren desde hace más de 2.600 años. Aunque el pico máximo ya es parte del pasado reciente, la actividad no desaparece de forma abrupta; hasta el 25 de abril se podrán detectar rastros aislados en el noreste.
Finalmente, este evento funciona como un preludio para lo que vendrá a fin de mes. La astronomía anticipa para el 30 de abril una alineación planetaria de Júpiter, Venus, Marte y Saturno, que también será visible desde la región.



