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Más contención y menos silencio: San Nicolás respalda la Ley Ema

El apoyo unánime a esta ley abre una luz de esperanza para cuidar la salud mental de los jóvenes, y la ciudad necesita un compromiso urgente para contener, escuchar y estar presentes todos los días del año

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Hay dolores que marcan a una comunidad para siempre y preguntas que vuelven a aparecer cada vez que un joven se va antes de tiempo. En una ciudad como San Nicolás, donde las heridas golpean de cerca y dejan ausencias irreparables, acompañar la salud mental de los más chicos no puede ser un trámite formal: es una necesidad humana que atraviesa a toda la comunidad.

En ese contexto, que el Concejo Deliberante local haya aprobado por unanimidad su respaldo a la Ley Ema representa una señal valiosa para la ciudad. Es también el reconocimiento de que el cuidado de los jóvenes requiere un compromiso colectivo y de que las instituciones tienen un papel concreto que asumir en la prevención y el acompañamiento.

El respaldo a la Ley Ema nace justamente de esa urgencia. Busca transformar un sufrimiento devastador —el de Ema Bondaruk, la adolescente de 16 años que no pudo soportar las consecuencias de la difusión no consentida de su intimidad— en una herramienta de protección para que ningún otro adolescente tenga que atravesar una experiencia semejante en soledad. Su historia duele, pero también obliga a mirar de frente una problemática que muchas veces permanece detrás de una pantalla: el acoso y la violencia digital.

La iniciativa, que ya cuenta con media sanción de la Cámara de Diputados y busca convertirse en ley en el Senado bonaerense, incorpora herramientas destinadas al ámbito educativo: protocolos de actuación, formación en ciudadanía digital y docentes preparados para detectar señales de sufrimiento y actuar a tiempo.

Cuidar a los jóvenes también significa construir espacios de confianza donde puedan pedir ayuda sin culpa ni vergüenza. Entender que la violencia digital no termina en una pantalla, sino que puede tener consecuencias profundas en la vida real, exige una comunidad presente, atenta y capaz de acompañar.

Esta lucha no puede encenderse un solo día para apagarse mañana. La angustia y el ciberacoso no esperan fechas en el calendario: suceden hoy, muchas veces en la soledad de una habitación y con un celular en la mano. Sostener la contención durante todo el año, escuchar, estar atentos y ofrecer ayuda a tiempo es parte de una responsabilidad que no puede recaer únicamente en las familias. También interpela a las escuelas, a las instituciones y a toda la comunidad nicoleña.

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