
Matías Russo orientó su vida exclusivamente al desarrollo de su faceta artística hasta que incursionó en el estudio de las ciencias políticas y comenzó a transitar ambos mundos. Hizo teatro en San Nicolás y también desarrolló esa actividad en inglés. Considera al séptimo arte como la cúspide de su vínculo con el arte, una pasión que le transmitió su madre con el correr de los años. Recuerda con especial nostalgia el ritual de alquilar los DVD de sus películas favoritas y cree fervientemente que esa etapa marcó innumerables momentos felices, mientras que reconoce sentirse agobiado ante el exceso de plataformas para ver series y largometrajes. Es el creador de “Yaguaron Cine”, un espacio desde el cual siente que le devuelve a la cinematografía parte de todo lo que esta le brindó mediante exhibiciones de obras destacadas en diferentes idiomas o en su lengua original. Es un ferviente defensor de esta modalidad porque considera que permite apreciar la riqueza de la producción, aprender el idioma y conectar realmente con lo que se observa. También desarrolla proyectos relacionados con la comunidad; uno de ellos consiste en articular con fundaciones, hogares, escuelas y entidades afines para recolectar juguetes destinados a la celebración del Día de la Niñez.
La representación del cine en su vida: “El cine abarca una gran parte de mi vida, no toda, pero sí una gran parte; te diría, más bien, la mitad de mi vida. Deseo algún día poder hacer un cortometraje y, más adelante, una película, pero todo a su tiempo; no me apresuro y, a la vez, trato de seguir pensando todo este proyecto desde la sencillez. Hoy veo que muchas personas que se encuentran en el rubro buscan una superproducción y tener todo lo que eso conlleva en sus ideas; en mi caso, no busco esa magnitud, sino más bien un argumento sencillo de una situación cotidiana, teniendo representaciones claras y un mensaje de reflexión para el espectador”.
El lado complementario que busca tomar forma: “La otra mitad de mi vida se comprende en las causas sociales. Tengo una organización que ayuda principalmente a los niños; en estos últimos meses me embarqué, además del cine, a recolectar juguetes para el Día de la Niñez. Recorrí la mayoría de las escuelas de la ciudad para dicha recolección; en la mayoría hubo aceptación y, en otras, las cuestiones burocráticas imposibilitaron la recolección”.
El marco abarcativo de la política: “Mi elección por las ciencias políticas se dio por el creer que en todo existe la política, no desde el plano de hacer política para obtener un voto, sino, a través de la política, generar nuevas alternativas fuera de lo establecido. Por ejemplo, yo pretendo salir de la difusión del cine comercial y quiero convencerte de que están buenísimas aquellas películas fuera del espectro comercial, no desde un intento de adoctrinamiento, sino siendo una nueva alternativa que te puede llegar a gustar o interesar”.
La convivencia de los impulsos pasionales: “Entre el arte y las causas políticas existe un caos, el cual creo que es debido a mi ansiedad, al querer todo ya. Soy una persona muy poco orgánica, detesto la burocracia, no puedo esperar los tiempos de los demás, siento que tengo que siempre debo hacer algo. Me he llevado algunos golpes en el camino y, en otras ocasiones, me fue bastante bien con esos impulsos”.
La emoción sensorial del séptimo arte: “No tengo el recuerdo de cuándo inició mi amor por el cine; lo que sí recuerdo es cada emoción que me produjo cada película que vi. Mi conexión con el cine es exclusiva de mis sentimientos. Hay películas que no recuerdo del todo, pero sí sé cómo me sentí en el momento que la vi, a todas ellas. Soy una persona que le gusta emocionarse; ver el crecimiento del personaje a través de situaciones cotidianas y familiares suelen también inspirarme para proyectos de mi vida”.
Su visión sobre el arte nicoleño: “Hoy existe una infinidad de actividades artísticas mayormente sostenidas por la autogestión. Es necesario crear o tener una plataforma segura en donde se pueda desarrollar esas actividades. A veces pienso que estamos muy lejos de eso y otras veces siento que algo se está gestando para poder lograrlo: la vida misma”.
Tener honestidad en las emociones generadas exclusivamente por el arte no hace más que alimentar toda esperanza hacia un vivir mejor. Matías, en su mundo de causas sociales, políticas y séptimo arte, busca vivir su propia película, en la cual el protagonista vence a la burocracia con el fin de ayudar a quien lo necesita, promoviendo valores, ideas y conductas que permitan formar mejores personas para vivir en sociedad. A su vez, persigue un objetivo clave: transmitir emociones y generar un bienestar similar al que él experimenta cada vez que mira una película.


