
Encasillar al arte en parte marca su definición, así como también la limita, y pensar el concepto “de muchas películas en una” suele tornarse complejo, distopico y absurdo. De esta última palabra podemos definir en el buen y mal sentido a la última entrega del director Luis Ortega con “El Jockey”.
La película cuenta la historia de un famoso jockey en el declive de su carrera, teniendo problemas de pareja y deudas que afrontar, debido a todo eso decide jugar todo en la carrera más importante, en dicho día sufre un grave accidente, termina en el hospital del cual decide escaparse y comenzar una nueva vida alejado de todo el mundo que forjó, pero su pasado lo perseguirá hasta encontrarlo.
El personaje interpretado por Nahuel Perez Biscayart, el personaje principal de esta historia posee una mezcla de personalidad al mejor estilo David Bowie, aunque siendo argento encajaría mejor con Federico Moura.
Abril, bajó la piel de Úrsula Corberó tiene el matiz de su país natal bajo la perspectiva de Pedro Almodóvar.
El mafioso Sirena que pretende generar el momento Tarantino en la película, ese momento donde se puede escuchar el aleteo de las moscas a través de un diálogo con lenguaje adulto o con una violencia imborrable en la retina del espectador forman parte de la estructura de esta película del cine argentino.
Un dato aparte, es la última obra donde aparece Daniel Fanego haciendo de él mismo, donde se ve el actor que recordaremos por siempre gracias a su talento.
El guion suele ser un laberinto en donde no se llega a ningún lado, oscilando entre la comedia y el crimen, con instantes de una frescura característica del director asi como escenas sin contenido. La música que transcurre durante estos 96 minutos de delirio cinematográfico es de una altísima calidad, donde se pueden encontrar fragmentos de música clasica, clásicos de los 80’s y artistas contemporáneos. La fotografía es otro punto alto de esta entrega a cargo de Tilmo Salminen, reconocido por su vasto conocimiento de la cultura pop mundial. Y el montaje junto con el vestuario cumple con las expectativas que narra la historia.
Todo este popurrí de seguir una línea narrativa junto a un sin fin de delirios escénicos hicieron una mezcla disruptiva del cine argentino. Las tendencias de las plataformas de streaming, el nuevo cliché de la identidad de género, el esnobismo de la cultura actual sobre como se debe hacer cine o como deben contarse las historias son ingredientes que también forman parte del metraje. Las criticas establecen en una grieta claramente definida: ¿Es una película absurda o una obra maestra? Lo cierto es que por varios momentos la película es inentendible, sin embargo, sentís placer al verla. La historia del jockey es optativa, podría haber sido una historia de otra ocupación y se vería igual, quizás comenzó la era de guiones pobres y todo lo demás tenga una abundancia tan notoria que genere riqueza audiovisual.
Pese a este lado crítico, “El Jockey” será la película que representará a Argentina como pre-candidata a los Oscars como “Mejor Película Extranjera” y más allá del negocio que existe detras del cine, estamos en presencia de una película distinta del cine vernáculo.
El cine sin prejuicios, con ojos bien abiertos y limpios de cualquier sometimiento ajeno al pensamiento hará que decida si estamos enfrente a una obra maestra o no. Solo el cine se puede juzgar a sí mismo.
Larga vida al séptimo arte.
Fuente: por Mariano Kane



