Historias

Vendió su casa en la playa y se fue sola al Ártico durante más de un año: la historia de la fotógrafa argentina Adriana Lestido

Una de las grandes referentes de la fotografía nacional financió con sus propios recursos una experiencia extrema, sin producción ni compañía. En el Festival Focus de Mendoza compartió las imágenes y reflexiones que surgieron de su búsqueda personal en uno de los lugares más inhóspitos del planeta.

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En tiempos de IA y TikTok, un grupo de entusiastas de lo analógico y de la imagen como contadora de historias, realizó en los bellos paisajes de Mendoza una fiesta de la fotografía. Por primera vez, el Festival Internacional de Fotografía Focus se llevó a cabo en la Argentina. Y con una Buenos Aires de calendario explotado de eventos, especialmente de las artes visuales, la decisión inicial de realizarlo en el interior del país cobró más sentido que nunca.

Bajo el tema “Cámera Veritas”, una fiesta de la fotografía recibida con pleno sol en la tierra del malbec. Y que reunió a varios artistas y curadores nacionales e internacionales a lo largo de todo el festival. Entre los locales, nada menos que Adriana Lestido, la verdadera one de la fotografía y una de sus referentes mundiales: la cuarta edición de Focus, motorizada por el entusiasta Gastón Deleau, quien dirigió FoLa y ahora ArtexArte, funcionó como homenaje a ella. “Fotos lindas podemos sacar todos”, dijo Deleau a TN, “pero acá celebramos la fotografía narrativa, capaz de contarnos historias”.

Además de Lestido, Musuk Nolte, directo desde Perú, la argentina Sofía López Mañán, el colombiano Victor Galeano, el Archivo González Venzano y una gran cantidad de artistas mendocinos con el proyecto “El reverso de la postal”. Sus imágenes, en deferencia a la provincia anfitriona, se pudieron ver en el acto inaugural. Trabajos de Daniel Barraco, Atilio Spinello, Cayetano Arcidiacono, Antonella Pezzola, Luciano Pappalardo, Carlos Púrpura, entre varios otros.

Nolte mostró, en el marco increíble de la Bodega Huentala, y con la pre cordillera nevada como fondo, su trabajo en blanco y negro en Amazonia. Tiene un vínculo particular con el territorio, al que viaja desde niño, y con la Ayahuasca, una medicina, un purgante, un alucinógeno que permite acceder a otro umbral. “Esta planta se utiliza en varias de las culturas amazónicas para evolucionar el cuerpo, pero pero también para soñar. Este proyecto retoma las memorias de mis primeras visiones ,en diálogo con el territorio amazónico desde una perspectiva documental”, contó.

Víctor Galeano, de Colombia, lleva años embarcado en un proyecto increíble y ambicioso. Acompaña de cerca a las comunidades que han visto, y en muchos casos resistido, las transformaciones de sus lugares. Minería, planes de grandes cambios estructurales, territorios comidos por el mar en el que las personas se adaptan y transforman.

Empezó como periodista, y su trabajo está atravesado hoy por el registro del vínculo espiritual de las personas con sus comunidades y territorios. “En la ciudad podemos cambiar de edificio”, dice, “pero en las comunidades indígenas o afro hay una cosmovisión que los vincula a ese lugar. Tiene que ver con el cuerpo y con lo espiritual”.

“Lo había advertido Susan Sontag: fotografiar es apropiarse de aquello que se fotografía, es poner al mundo en una relación de poder con quien mira”, escribió el curador Nicolás Janowski. “Toda imagen, decía, es una interpretación del mundo al igual que una pintura o un texto; la cámara no es una ventana traslúcida, sino más bien un punto de vista que recorta, excluye, y sobre todo, decide. Si el vino promete disolver las máscaras, la cámara hace exactamente lo contrario: construye una, gesto a gesto, encuadre por encuadre, y después la llama realidad”.

Sofía López Mañán, que llegó a Mendoza con su hija de diez meses, lleva una década trabajando en torno de la pregunta ¿qué es la naturaleza? Arrancó cuando le encargaron un registro fotográfico sobre el Ecoparque en el que derivó el antiguo zoológico porteño. “La naturaleza es un constructo cultural”, dice. “Algo que percibimos a través de un tamiz, que viene con fantasías, mi trabajo es entender cómo construimos ese tamiz. ¿De dónde vienen las taxonomías, las divisiones? Me puse a trabajar con científicos, con antropólogos, con filósofos. Para entender de dónde viene nuestra manera de mirar”. Una de las imágenes de su trabajo muestra a un tigre en una cama; no es IA, como suelen preguntarle: es uno de los felinos del zoo de Luján.

Adriana Lestido no necesita mayor introducción. Su trabajo es único y forma ya parte del imaginario colectivo, como su imagen icónica de la madre de Plaza de Mayo con su hija en brazos. Su proyecto Madres e hijas, de los noventa, surgió durante los años en los que siguió de cerca a varias parejas de madres e hijas, y es extraordinario como su ensayo fotográfico Mujeres presas.

Entre enero de 2019 y mayo de 2020, viajó sola por el círculo polar ártico y por las islas Svalbard. Sin producción y sin depender de nadie, como gusta subrayar, vendió una casa en la playa para costearse la experiencia de estar consigo misma “en el imán del mundo”. Un lugar en blanco y negro sin gente, con apenas algunos animales. En el que permaneció durante un largo ciclo vital, todas las estaciones. “La soledad es básica para llegar a los lugares más desconocidos”, dijo.

El resultado fue Errante, título que juega con la doble acepción feliz, de vagar y de errar, el arte de equivocarse. Una película increíble, de planos fijos y sonido, sin personas, que estuvo un año en la sala de Malba, emocionando a los espectadores, además de un diario y unas imágenes inolvidables. Mostró algunas en Mendoza, y compartió su aventura. Citó a su admirado Robert Frank: “mirar afuera para ver adentro”.

“La evolución humana tiene que ver con ver, con ver en la oscuridad”, dijo. “No se trata tanto de mirar como de percibir; hay fotógrafos que perdieron la vista pero perciben la imagen, que no es más que una energía”. Para Lestido, la creación no es una herramienta de entretenimiento ni de auto expresión, sino un sacrificio, un renunciamiento, un estar abierto. “Cuanto más duele, más lejos se puede llegar, comulgo con eso”, dijo la maestra de la fotografía, que medita todos los días y cree que esa práctica la ayudó a atravesar su año y medio en el Polo Norte, en completa soledad.

El trabajo de Lestido tiene que ver con la cercanía y la exposición lenta: son célebres sus fotos movidas. No usa luz artificial, ni teleobjetivo. Se entrega a la experiencia sin saber adónde la va a llevar, y en sus ideas no existe noción de utilidad; no todo tiene que servir para ganar plata, o para algo.

Lestido ama el cine, y hace relato visual con la fotografía. “Toda creación viene de una pulsión, de un lugar oscuro que se devela”, dijo en Mendoza. “Se trata de descubrir algo. Ese es para mí el sentido de la creación”.

Fuente: Con informacion de TN

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