Sociedad

Adrián Ferrero: una vida dedicada a la formación docente

Docente apasionado, formador incansable y referente indiscutido de la Escuela Normal, dedicó 38 años a enseñar con vocación, innovación y compromiso. Su legado vive en cada aula de la ciudad

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Adrián Nicolás Ferrero nació en San Nicolás el 30 de mayo de 1963 y desde muy chico supo que su camino estaba en la enseñanza. Hijo de Sofía Alcoba y Santiago Ferrero, y hermano de Yolanda y Mirta, se formó en la Escuela Primaria N.º 2 de calle Garibaldi y completó el secundario en la sección comercial del Colegio Nacional Justo José de Urquiza.

Su vocación se consolidó en la Escuela Normal Rafael Obligado, donde cursó los profesorados de Geografía y Ciencias Biológicas, y con la que establecería un vínculo inquebrantable: no solo fue alumno allí, sino que luego desarrolló toda su carrera como docente y formador.


Un educador que marcó época

Ferrero fue un docente inquieto, innovador y apasionado por aprender. A lo largo de su trayectoria realizó múltiples especializaciones, incluyendo una en función directiva, una Licenciatura en Ciencias Sociales y posgrados en Geografía. Siempre estuvo convencido de que el aprendizaje es un proceso que nunca termina, y así lo transmitió en cada aula que pisó.

Durante los años 90, junto a la profesora de Historia Doris Frías de Floriani, revolucionaron la forma de enseñar en la Escuela Normal, trabajando desde un enfoque interdisciplinario que ayudaba a los alumnos a relacionar saberes y aprender a estudiar de manera significativa. Fue una propuesta pedagógica innovadora para su tiempo, que dejó una marca profunda en quienes pasaron por sus clases.


Una vida dedicada a formar docentes

Hablar de la Escuela Normal es hablar de Adrián Ferrero. Allí formó a maestras y profesores durante 38 años, primero en el Instituto N.º 128 y luego en el Instituto N.º 127, ambos funcionando en el histórico edificio de Nación y Necochea. Su influencia atraviesa generaciones: cada maestra, cada profesor de ciencias sociales en San Nicolás, lleva algo de su legado.

Con emoción y humildad, el docente expresó: “Me hacés llorar. La escuela es mi vida. Yo la pasé ahí adentro. Tengo compañeras de hace 35 años con quienes aún comparto momentos. Formamos equipos maravillosos, y lo mejor es que la pasábamos bien porque éramos compañeros”.

Ferrero también manifestó su preocupación por el presente de la educación pública, señalando el deterioro edilicio del edificio al que tanto quiere y la falta de políticas claras a nivel nacional: “Hoy la escuela pública funciona gracias al esfuerzo de los directivos y docentes. La desidia es enorme”, lamentó.


El recuerdo que queda

Hoy, ya retirado, Adrián Ferrero sigue sintiéndose educador. Le basta con cruzarse con exalumnos que lo saludan en la calle o atenderse con profesionales que alguna vez pasaron por sus clases. “Hasta el último día preparé mis clases con cariño y profesionalismo. Traté de llevarles algo nuevo que los motive. Quizás no todos piensen igual de mí, pero siempre intenté ser un buen profesor”, afirma.

Ferrero es uno de esos docentes que no solo enseñó contenidos, sino que formó personas, alentó vocaciones y construyó comunidad. Parafraseando a Paulo Freire, luchó por una educación que enseña a pensar. Y como decía Borges, no se vanagloria de lo que enseñó, sino de todo lo que aprendió.

“Siempre fui un buen alumno, porque hasta hoy sigo aprendiendo”, dice, agradecido. Y nosotros, como ciudad, también agradecemos haberlo tenido.

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