
Iliana Groh es mamá, profesora de educación física, docente en institutos terciarios, y una referente en San Nicolás que hace casi tres décadas entiende su profesión como un puente entre el cuerpo, la mente y la sociedad. Empezó como técnica en prácticas gimnásticas y, con el tiempo, profundizó en una mirada que vincula el aula con los contextos personales, las emociones y el entorno social.
“Siempre vi al individuo como una persona única que atraviesa necesidades. En la población esas necesidades a veces se notan más, y fue ahí donde empecé a prestar atención y capacitarme”, cuenta Iliana. Esa inquietud la llevó a trabajar en gimnasios, a observar otras realidades y a vincularse con disciplinas como la kinesiología, la psicología y hasta el plano holístico, logrando una propuesta que hoy incluye rutinas específicas para personas con enfermedades cardíacas, diabetes u otras condiciones.
Su enfoque refleja un cambio profundo en la concepción de la educación física: “Dejó de ser algo estrictamente biológico para adquirir un rol clave en la vida social. Hoy, moverse es conectarse con lo que uno necesita, y eso está atravesado por los entornos, las emociones y la historia de cada persona”, señala.
El nuevo marco normativo y su experiencia como formadora de docentes profundizaron esa visión integral. “Me fascina esta etapa que atraviesa la profesión. Hoy la palabra inclusión está presente y nos obliga a desarrollar empatía, a escuchar más, a ser creativos. Las clases deben tener diversidad, complejidad y un porqué. Deben ser satisfactorias para todos”.
En el plano deportivo, también nota un cambio. “Antes todo giraba en torno al rendimiento o la exigencia física. Ahora importa la impronta que le das a la clase, cómo entendés las necesidades de tu alumno, cómo lo ayudás a sostener la actividad a pesar de los estímulos negativos de afuera”, reflexiona.
Para Iliana, la educación física aporta directamente a la cultura y la vida en sociedad: “El progreso como individuo es el mayor aporte. Algo mejora en vos cuando hacés actividad física. Ahora también nos ocupamos de cuidar o sanar lo que aparece en ese proceso”.
Y sintetiza su mirada con una imagen poderosa: “Tomar el todo como un juego —en el buen sentido— nos conecta con las reglas, el aprendizaje, la pertenencia, el crecimiento. El cuerpo no funciona sin un orden mental, y el bienestar emocional necesita del movimiento. Enseñar eso, con una sonrisa, es lo que intento desde hace casi 30 años”.



