Lo que pretendía ser una estocada judicial contra la gestión de Mauro Poletti terminó convirtiéndose en un bumerán para la concejal Cecilia Giammaria. La titular del Juzgado Contencioso Administrativo I de San Nicolás fue tajante: Giammaria no tiene facultades para presentarse como edil en esta demanda. Si desea continuar con su reclamo contra la tasa de red vial, deberá hacerlo despojada de su investidura pública, apenas como una vecina o contribuyente común.
Sin embargo, es allí donde el expediente revela fisuras que rozan el papelón administrativo. La jueza Fulgheri no dejó pasar un detalle que define, para muchos, la esencia de la carrera política de la concejal: la contradicción de sus domicilios. Mientras en la demanda declara vivir en el edificio Pampa de Villa Ramallo, su propio DNI —presentado como prueba— registra domicilio en la calle Fray Luis Beltrán. Esta inconsistencia parece ser el reflejo documental de una realidad que en Ramallo es un secreto a voces: la dificultad de Giammaria para demostrar que su pertenencia al distrito es real y no meramente electoral.
En los pasillos de la política local, la lectura es mordaz. Se percibe a Giammaria no como una voz autónoma, sino como una pieza movida por control remoto desde San Nicolás por el armado de los Passaglia. Esta dependencia del “norte” nicoleño es la que, según sus críticos, la lleva a priorizar la judicialización y el obstáculo por sobre el trabajo legislativo genuino para el partido que representa.

El eco de la calle: “Sedientos de poder”
El humor social no ha sido más benévolo que el judicial. Tras conocerse el fallo, las reacciones de los ciudadanos no tardaron en llegar, cargadas de una mezcla de hartazgo y sospecha:
“Dime con quién andas y te diré quién eres”, sentenció un vecino, aludiendo a los estrechos vínculos con la estructura passaglista. Otros piden ir más allá de los papeles: “Que investiguen sus patrimonios; si es como sus patrones, debe tener campo por todos lados”. El sentimiento de rechazo se resume en una frase que se repite en las esquinas de Ramallo: “Tienen una enfermedad tremenda por el poder’’
Este revés judicial deja a Giammaria en una posición incómoda: cuestionada por la justicia en sus formas, expuesta en sus contradicciones de domicilio y señalada por una comunidad que empieza a cansarse de los “enviados” que no logran explicar, ni con el documento en la mano, de dónde son ni a quién responden realmente.



