
El caso que conmocionó a la región por la muerte del joven Nahuel Hernán Alfonso ha tomado un rumbo legal que suma angustia a sus seres queridos. Aquella jornada del 4 de julio, lo que comenzó como un acto de solidaridad entre amigos terminó en una fatalidad sobre la avenida Presidente Perón, en las cercanías del Cementerio Celestial, dejando una herida abierta que todavía no logra cerrar.
Según los testimonios recogidos, el joven de 18 años, quien recientemente había comenzado a trabajar en una planta de Ramallo, intentaba auxiliar a su amigo Michel Ferrari. Debido a un desperfecto mecánico, Alfonso decidió intercambiar motocicletas para llevar el vehículo averiado “de tiro”, aprovechando su mayor experiencia en el manejo. Sin embargo, la falta de iluminación y el estado del asfalto se habrían combinado para desencadenar el hecho.
El pozo que cambió todo
Michel Ferrari, el acompañante y testigo presencial, relató que la inestabilidad se produjo cuando Nahuel impactó contra un pozo profundo en plena avenida. Esta maniobra involuntaria provocó que el joven cayera sobre el carril contrario, justo en el momento en que circulaba un Chevrolet Cruze. El impacto fue inevitable y le costó la vida al adolescente de manera instantánea, mientras que su amigo fue despedido hacia la banquina.
A pesar del dolor por la pérdida, la situación se volvió aún más compleja para los allegados del fallecido. La conductora del automóvil, identificada como Muriel Anahí Ojeda, inició una demanda civil contra las familias de ambos jóvenes por una suma que supera los 35 millones de pesos, más intereses. La demandante alega secuelas físicas y psicológicas derivadas del choque, una acción que la madre de Nahuel, Ana Luz Palmaz, describe como un “infierno” que le impide llevar adelante su duelo en paz.
Un pedido desesperado de justicia
En medio de este escenario judicial, la familia de la víctima busca testigos que puedan haber presenciado el accidente o que recuerden las condiciones de la calzada en ese momento. Bajo el patrocinio del Dr. Agustín Tanús, intentan demostrar que la presencia de aquel bache fue el detonante real de la caída, en contraposición a la postura que los ubica como demandados.
“Solo quiero la verdad y justicia”, manifestó Ana Luz, visiblemente afectada por tener que enfrentar un reclamo económico de tal magnitud mientras intenta procesar la ausencia de su hijo. La causa sigue abierta y la aparición de nuevos testimonios resulta clave para determinar las responsabilidades finales de un hecho que hoy combina el luto con una instancia judicial en desarrollo.



