Este 18 de mayo no representó una jornada más para la comunidad nicoleña. Se cumplieron exactamente 17 años de un hito fundamental para la fe local: la histórica coronación oficial de las imágenes de la Virgen de María del Rosario de San Nicolás y el Niño Jesús, acontecida durante una de las misas al aire libre más multitudinarias que recuerde el emblemático santuario de la ciudad.
Aquellas piezas sacras, que hoy relucen en el altar mayor, no fueron el resultado de un frío trabajo de taller, sino el fruto de un masivo e inédito proceso de cincelado comunitario coordinado por el prestigioso maestro orfebre argentino Juan Carlos Pallarols. El proyecto, que se extendió de forma itinerante durante 14 meses previos a la ceremonia, unió las oraciones y las manos de más de 600.000 ciudadanos de diversas provincias argentinas.
Millones de golpes de fe
La confección de las coronas implicó un recorrido federal por colegios, templos, centros de salud y asilos. Allí, niños, ancianos y personas enfermas dejaron su impronta dando pequeños golpes de martillo sobre el metal. Los registros técnicos del Museo Pallarols revelan que un dispositivo digital contabilizó con precisión 6.025.984 de golpecitos, los cuales moldearon un lingote de aproximadamente 700 gramos de plata pura. La fisonomía de las piezas se completó con incrustaciones de oro y alhajas semipreciosas que procedían de donaciones voluntarias de los propios devotos.
La solemne imposición de las preseas, que consolidó la devoción nicoleña a nivel nacional, estuvo presidida hace casi dos décadas por el entonces obispo diocesano, Monseñor Héctor Cardelli, ante una marea de peregrinos que colmó los sectores linderos al templo.
Conmoción, robo y feliz restitución
El recuerdo de esta efeméride también trae a la memoria colectiva un momento de profunda zozobra que afortunadamente tuvo un desenlace positivo. En noviembre de 2012, un grupo de delincuentes ingresó al templo y, tras romper el blindex de la vitrina protectora, sustrajo ambas coronas y un rosario. El episodio generó una enorme conmoción social y fue calificado de inmediato como una “profanación” por toda la comunidad eclesiástica.
Ante la gravedad de la situación, el propio Juan Carlos Pallarols se ofreció de manera solidaria a recrear las insignias desde cero si no se lograba dar con su paradero. Sin embargo, a las pocas semanas, en diciembre de 2012, las fuerzas de seguridad locales lograron rastrear y recuperar las reliquias religiosas totalmente intactas. De este modo, las piezas originales pudieron ser restituidas con éxito a la basílica, permitiendo que a 17 años de aquella jornada fundacional de mayo, las legítimas coronas comunitarias sigan custodiando la fe de un pueblo.
Fuente: con foto del Santuario San Nicolás.



