Hay olores que definen la identidad de una ciudad, fragancias que se transforman en postales vivas de la memoria colectiva. En San Nicolás, caminar por la calle Mitre, entre Francia y Urquiza, durante las tardes de frío es sumergirse en un perfume inconfundible y reconfortante: el de las garrapiñadas recién hechas. Al frente de este ritual diario se encuentra José Hugo Vera, conocido por todos como “Pepe”, quien este mes celebra un hito verdaderamente histórico: 40 años ininterrumpidos de labor artesanal.
La aventura comenzó el 1 de mayo de 1986. El motor de este inicio fue el amor, al ponerse en pareja con su esposa María Luisa Aguirre, a quien Pepe reconoce con cariño como la verdadera manisera originaria. Desde 1990, su característico carrito blanco y rojo con letras azules se asentó firmemente en la calle Mitre, un rincón que adoptó como su lugar predilecto en el mundo. Con un profundo orgullo nicoleño, Pepe defiende la calidez de su cuadra elegida, asegurando que dicha arteria posee un tono primaveral y alegre que contrasta con el carácter más frío de la calle De la Nación.
A lo largo de estas cuatro décadas, este emblemático trabajador se ha convertido en un observador privilegiado de la evolución de la sociedad nicoleña. Desde su puesto, ha visto pasar a generaciones de vecinos que regresan del trabajo o disfrutan de un paseo por el centro. El impacto de su producto ha trascendido fronteras insospechadas: sus famosas bolsitas de garrapiñadas no solo han viajado a destinos regionales e incluso llegaron a cruzar el océano hasta Medio Oriente, llevando el sabor dulce de San Nicolás a los rincones más remotos del planeta.
Con una mirada impregnada de nostalgia y sabiduría, Pepe añora los tratos de antaño. Defensor de las costumbres de antes, observa con cierta inquietud el avance de las pantallas digitales y la pérdida de los modales tradicionales entre la juventud. Para él, el saludo respetuoso y la conversación cara a cara son valores fundamentales que la comunidad no debería perder.
Esa misma devoción por lo auténtico se refleja en sus pasatiempos. A Pepe le fascina la lectura, explorando textos de medicina, psicología y política. Distante de los dispositivos tecnológicos modernos, mantiene un ritual inquebrantable que repite fielmente: comprar el semanario COSA CIERTA. Como lector de pura cepa que prefiere el formato tradicional, valora enormemente el papel impreso y elige informarse en estos tiempos a través del único semanario en papel de la ciudad, sosteniendo con orgullo la permanencia de las páginas impresas.



